La agencia mantiene a Starship como pieza clave de su módulo de alunizaje, pero reconoce que los retos técnicos y de certificación podrían desplazar las fechas previstas para las próximas misiones.
Noticias Internacionales.
La ambiciosa misión Artemis 3, con la que la NASA espera devolver astronautas a la superficie de la Luna, enfrenta un nuevo frente de presión por cuenta de los retrasos técnicos de Starship, el gigantesco cohete de SpaceX elegido como módulo de alunizaje, y un desacuerdo abierto sobre la presencia de controles manuales para la tripulación. Aunque la agencia ya había reconocido que el calendario era “significativamente desafiante”, un reciente informe del inspector general de la NASA advierte que la disputa con SpaceX por la forma en que se pilotará Starship HLS podría incrementar todavía más el riesgo de nuevos aplazamientos.
Artemis 3 nació con la promesa de un alunizaje rápido, inicialmente proyectado para 2025, pero la propia NASA terminó aplazando oficialmente la misión “no antes de septiembre de 2026” por las dificultades técnicas del programa. Los informes internos y análisis independientes coinciden en que la nave Starship de SpaceX es uno de los cuellos de botella principales: el desarrollo de su versión como Human Landing System (HLS), las pruebas de reabastecimiento de combustible en órbita y el alunizaje no tripulado previo van con retraso frente al cronograma pactado.
Según documentos citados por medios especializados, un calendario interno de SpaceX ubica la primera demostración de reabastecimiento criogénico entre naves Starship en 2026 y un alunizaje de prueba sin tripulación en 2027, lo que desplazaría un eventual alunizaje con astronautas hacia 2028 en el mejor de los escenarios. Esa proyección ya no coincide con los objetivos públicos de la NASA, que todavía habla de un intento de alunizaje a mediados de la década pero reconoce, en evaluaciones de riesgo, que existe una probabilidad considerable de que el módulo de alunizaje llegue “al menos año y medio tarde” frente a la fecha objetivo de septiembre de 2026.
El nuevo foco de tensión: ¿quién pilota Starship?
A los retrasos técnicos se suma ahora una discusión de fondo sobre cómo se debe controlar la nave en un entorno tan exigente como la superficie lunar. Las normas de certificación de la NASA para vehículos tripulados exigen que la tripulación cuente con capacidad de control manual durante todas las fases de vuelo, como parte fundamental de la estrategia de supervivencia en caso de fallo de los sistemas automáticos.
El reciente informe de la Oficina del Inspector General de la NASA, publicado el 10 de marzo, concluye que la agencia y SpaceX mantienen un desacuerdo sobre si el diseño actual de Starship HLS cumple realmente esa exigencia. Mientras la empresa de Elon Musk apuesta por un aterrizaje altamente automatizado, supervisado desde pantallas táctiles, la NASA insiste en que los astronautas deben tener la opción de tomar control directo de la trayectoria, en especial durante el descenso final hacia la Luna.
El informe advierte que el seguimiento interno de la NASA a este “riesgo de control manual” muestra una tendencia a empeorar y lanza una alerta clara: si las partes no llegan a una solución concreta antes de la revisión crítica de diseño (CDR), se corre el peligro de “bloquear” una arquitectura basada exclusivamente en la automatización o de forzar cambios de diseño tardíos, con mayor impacto en tiempos y costos. Incluso plantea la posibilidad de que SpaceX solicite una exención formal al requisito de control manual para poder cumplir los plazos, algo que elevaría el debate sobre la seguridad de la misión.
Seguridad y calendario, en la balanza
No es la primera vez que la NASA flexibiliza sus reglas frente a un socio comercial. Para la nave Crew Dragon, que hoy transporta astronautas a la Estación Espacial Internacional, la agencia ya concedió una exención parcial al requisito de control manual, después de años de experiencia acumulada con la versión de carga no tripulada. Sin embargo, el propio inspector general advierte que Starship HLS no cuenta con ese historial de vuelos y que, por su complejidad, incorporar controles manuales robustos es un elemento clave para obtener la certificación de seguridad.
En paralelo, el Panel Asesor de Seguridad Aeroespacial de la NASA y exadministradores de la agencia han venido señalando desde 2025 que el calendario de Artemis 3 es “significativamente desafiado” por los retos técnicos de Starship y por la necesidad de encadenar múltiples lanzamientos y operaciones de reabastecimiento en órbita antes de intentar un alunizaje tripulado. Para completar la misión tal como está diseñada, SpaceX debe demostrar, entre otros hitos, la transferencia de propelente entre varias naves Starship y la capacidad de la versión HLS de descender y volver a despegar desde la superficie lunar.
Las proyecciones más prudentes ya contemplan que estos desafíos podrían empujar Artemis 3 hacia la segunda mitad de la década, con escenarios que ubican el primer alunizaje tripulado del programa alrededor de 2028 si todo sale relativamente bien a partir de ahora. Oficialmente, la NASA mantiene su objetivo de avanzar “lo más rápido posible de forma segura”, pero los propios análisis de la agencia reconocen una probabilidad no menor de nuevos retrasos si el módulo de alunizaje de SpaceX no logra madurar a tiempo.
¿Fracaso del programa Artemis o ajuste de ruta?
Los ingenieros y analistas coinciden en que los retrasos y tensiones actuales no significan, por ahora, la cancelación de Artemis 3 ni del programa en su conjunto, sino la confirmación de que se trata de una campaña tecnológica y operativa sin precedentes, con alto riesgo de reprogramaciones. El programa Artemis incluye múltiples elementos que deben converger: el cohete SLS y la nave Orion, los trajes lunares de nueva generación, los módulos de alunizaje de SpaceX y Blue Origin y, a futuro, la construcción de una pequeña estación en órbita lunar llamada Gateway.
En este contexto, el choque entre la filosofía de automatización de SpaceX y los requisitos de control manual de la NASA se ha convertido en un símbolo de la tensión más amplia entre innovación acelerada y estándares de seguridad en vuelos tripulados. Lo que está en juego no es solo una fecha en el calendario, sino la forma en que la humanidad volverá a pisar la Luna y sentará las bases para futuras misiones de larga duración hacia Marte y más allá.
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