Paola Ramírez trabaja sin descanso para pagar los 30 millones que cuesta el lugar donde descansan Susan y Santi.

Noticias Bogotá.

Paola Ramírez, madre de Susan Camila y Santi Esteban —de 7 y 4 años respectivamente—, paga mes a mes por los lotes donde descansan los cuerpos de sus hijos, asesinados el 28 de octubre de 2024 por su propio padre, Darwin Felipe Beltrán. Ni siquiera el Día de la Madre detuvo su jornada: trabajó como guardia de seguridad para no retrasarse con el pago del cementerio.

“No quiero que los vayan a cremar. Ellos merecen un lugar digno”, dice Paola, quien asume una deuda de más de 30 millones de pesos con cuotas mensuales de 700 mil. Cada día es una lucha por sobrevivir emocional y económicamente. Pero a ese dolor profundo se suma ahora el miedo de que el asesino pueda quedar en libertad.

El crimen que sacudió a Bogotá

El filicidio ocurrió en una vivienda del barrio Las Ferias, en la localidad de Engativá. Paola había salido de casa cuando su expareja llegó tranquilo, incluso con sus llaves. Cuando ella regresó, encontró a Darwin acostado junto a los cuerpos sin vida de sus hijos.

“No entiendo por qué no me mató a mí. Siempre me imagino cómo sufrieron”, dijo Paola entre lágrimas en el pódcast Más allá del silencio, del periodista Rafael Poveda.

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Darwin no mostró remordimiento. Lo único que repitió fue: “Perdóname, yo te amaba mucho”. Durante las audiencias, ha insistido en que “no era consciente” de sus actos. Siete meses después, sigue sin aceptar el cargo de homicidio agravado.

La defensa de Darwin Beltrán intenta llevar el proceso por el camino de la inimputabilidad. El argumento central es que su cliente padece una enfermedad mental que le impidió tener conciencia de lo que hacía.

Pero los expertos que acompañan el caso discrepan. La psicóloga forense Carolina Cardona, consultada en el mismo pódcast, sostiene que la conducta de Darwin revela una planificación clara: “Llega tranquilo, le dice a Paola que se vaya, no la agrede. Luego asesina a los niños. Eso no es una pérdida de control, es una decisión”, afirma.

Cardona explica que Beltrán había dejado de tomar sus medicamentos desde hacía meses, sabiendo que eso desencadenaría crisis mentales. También se despidió de varias personas, escribió cartas, visitó a vecinos y, finalmente, cometió el crimen. “Todos esos elementos muestran que sí sabía lo que hacía”, concluye.

Una justicia que podría fallar

El abogado de Paola, Miguel Ángel Ruiz, teme que los aplazamientos en el proceso judicial terminen favoreciendo a Beltrán. Si el juicio no avanza antes del 23 de agosto de 2025, podría haber vencimiento de términos y el acusado quedaría en libertad.

Más aún, si es declarado inimputable, la pena podría reducirse drásticamente: en lugar de enfrentar entre 40 y 60 años de prisión, Beltrán podría recibir una medida de seguridad en un hospital psiquiátrico por un período incluso inferior a una década.

“El peligro no ha pasado”, advierte Ruiz. “Creemos que su intención era dejar a Paola viva solo por un tiempo. Tememos que, si queda libre, termine cumpliendo lo que empezó”. Vea: Un juez dictó prisión para Darwin Beltrán, el hombre que causó la muerte de sus hijos, de solo 7 y 4 años, en Engativá, Bogotá

Desde entonces, Paola ha enfrentado la vida con una fortaleza que no eligió. Ha cambiado los abrazos de sus hijos por turnos de seguridad. Ya no hay celebraciones, solo cuentas por pagar y una tristeza que no se borra.

“Todo cambió. Nada es igual”, dice con la voz rota. A pesar del duelo, la culpa impuesta por el asesino y el riesgo de que este no reciba el castigo que merece, Paola sigue luchando. Por la memoria de Susan y Santi. Por justicia. Y por no permitir que el olvido —ni la cremación— borre a sus hijos del mundo.

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