Durante cuatro meses, este primate fue tratado como una mascota. Hoy lucha por sobrevivir con heridas graves.
Noticias Antioquia.
En una habitación cualquiera del Valle de Aburrá, un pequeño mono cariblanco pasó meses encerrado, vestido con pañales y tratado como un juguete. Cuando las autoridades ambientales finalmente lograron rescatarlo, su cuerpo hablaba por sí solo: una grave infección en la piel, conocida como pañalitis, le cubría gran parte del abdomen y las extremidades. Detrás de su mirada asustada se escondía el trauma de haber sido arrancado del bosque para satisfacer la curiosidad humana.
El animal fue trasladado al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAVR), donde especialistas intentan aliviar las heridas físicas y emocionales que le dejó el cautiverio.
Aunque responde al tratamiento, su futuro es incierto. Los expertos no saben si volverá a adaptarse a su entorno natural o si deberá permanecer bajo cuidado humano de por vida.
Una voz que denuncia el egoísmo humano
El caso fue revelado por la Autoridad Ambiental y de Transporte del Valle de Aburrá, que difundió un mensaje tan poético como doloroso:
“Nació para saltar entre árboles, no para usar pañales. Para escuchar el canto del bosque, no el ruido de una casa”.
El pronunciamiento encendió la indignación en redes sociales y recordó que el tráfico de fauna no es un acto aislado, sino una práctica sistemática que sigue desangrando los ecosistemas colombianos. Cada mono, lora o tortuga que se vende como mascota representa un eslabón perdido en el equilibrio natural.
“Detrás de cada ‘animalito tierno’ hay una historia de dolor”, subrayó la entidad. “Cada vez que un animal silvestre entra a una casa, perdemos un pedacito de naturaleza”.
Tráfico de fauna: un negocio que mata silenciosamente
De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el tráfico ilegal de fauna silvestre es el cuarto negocio ilícito más rentable del mundo, solo superado por el narcotráfico, el comercio de armas y la trata de personas. Colombia, por su riqueza natural, se ha convertido en una de sus principales víctimas.
Los traficantes capturan animales en selvas, montañas o ríos, los trasladan hacinados en cajas o bolsas, y los venden como “mascotas exóticas” a precios que pueden superar el salario mínimo mensual. La mayoría muere antes de llegar a su destino.
Los expertos advierten que este comercio no solo destruye vidas, sino que altera los ecosistemas: especies como el mono cariblanco son clave para la dispersión de semillas, la regeneración de bosques y el control de insectos. Sin ellos, la selva pierde su equilibrio.
Un llamado a denunciar
En el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, cualquier ciudadano puede denunciar la tenencia o comercialización ilegal de animales silvestres a través de la línea 123 o mediante el portal www.metropol.gov.co, en la opción PQRS.
Además, si alguien encuentra un animal herido, atrapado o desea entregarlo voluntariamente, puede comunicarse con la línea de emergencias 304 630 0090, disponible las 24 horas.
El Código Penal colombiano castiga este delito con penas de prisión entre 48 y 108 meses, según la Ley 1333 de 2009, además de fuertes sanciones económicas.
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