Las autoridades investigan su intención de asentarse en una finca rural.
Noticias Antioquia.
La aparición de 26 extranjeros en un hotel de Yarumal, Antioquia, puso nuevamente en el mapa a la secta judía ultraortodoxa Lev Tahor, una comunidad religiosa conocida internacionalmente por las graves denuncias que arrastra desde hace más de dos décadas. Su presencia en Colombia, detectada a inicios de octubre, activó de inmediato las alertas de Migración Colombia y otras entidades encargadas de la protección de la infancia. Entre los integrantes que viajaban con el grupo se encontraban 17 menores de edad, varios de ellos reportados posteriormente ante Interpol como desaparecidos.
¿Quiénes son Lev Tahor?
Lev Tahor —que en hebreo significa “corazón puro”— es una secta fundada en 1988 por el líder ultraortodoxo Shlomo Helbrans. A diferencia de otras comunidades judías conservadoras, este grupo ha construido un sistema de vida marcado por el aislamiento extremo, la obediencia absoluta al liderazgo religioso y una interpretación radical de la Halajá (ley judía). Con frecuencia es denominado por investigadores y autoridades como un culto fundamentalista cuyas prácticas exceden los márgenes de la tradición judía y vulneran derechos fundamentales.
Sus integrantes viven bajo normas de control exhaustivo: las mujeres visten túnicas negras que cubren por completo su cuerpo, los hombres mantienen barbas largas y la comunidad rechaza cualquier forma de educación secular o contacto con el mundo exterior. La tecnología, la atención médica convencional y la escolarización de los niños están estrictamente prohibidas o severamente limitadas.
El grupo ha sido investigado y perseguido judicialmente en Estados Unidos, Canadá, Guatemala y México, países donde han sido denunciados por abuso infantil, matrimonios forzados entre menores, secuestro parental, trata de personas y explotación sexual. Tras la muerte de su fundador en 2017, el liderazgo pasó a su hijo, Nachman Helbrans, hoy encarcelado en Estados Unidos por secuestro y explotación sexual infantil.
Un historial marcado por abusos y huidas
La historia reciente de Lev Tahor está atravesada por operativos policiales, fugas y traslados repentinos. Cuando las investigaciones judiciales avanzan en un país, la comunidad suele emigrar de manera abrupta hacia otro territorio, especialmente a zonas rurales de difícil acceso desde donde intentan reorganizar su vida comunitaria. Así ocurrió en México, Guatemala y Canadá, donde dejaron tras de sí procesos abiertos por vulneraciones a los derechos de los niños.
El patrón se repite: el grupo viaja en familia, se instala temporalmente en hoteles o alquileres remotos, y luego busca un predio rural donde pueda establecer un asentamiento cerrado, lejos de la supervisión estatal.
La llegada a Antioquia: un punto de tránsito hacia una finca rural
En Colombia, la alerta inicial surgió desde la regional Antioquia–Chocó de Migración. La presencia de un grupo numeroso de extranjeros pertenecientes a esta comunidad en un hotel del municipio de Yarumal levantó sospechas debido a sus condiciones de alojamiento y a la reputación internacional del grupo.
Según la directora de Migración Colombia, Gloria Arriero, la información permitió iniciar un proceso de verificación que derivó en un operativo conjunto con el Gaula Militar y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Allí encontraron 26 personas: 9 adultos y 17 menores, provenientes de Estados Unidos, Canadá y Guatemala. La mayoría de los niños habrían nacido durante la estancia del grupo en Centroamérica.
La investigación preliminar permitió establecer que el hotel no era su destino final. “La información preliminar es que querían dirigirse a una finca y allá organizar su estadía permanente”, explicó Arriero. Este comportamiento coincide con su modus operandi: buscar zonas rurales apartadas para mantenerse fuera del radar institucional.
Los menores: custodia perdida, alertas internacionales y riesgo de desaparición
Aunque los adultos afirmaban ser los padres de los menores, varios de ellos habían perdido la patria potestad en Estados Unidos, debido a procesos por abusos y matrimonios forzados. Por esa razón, los menores estaban bajo custodia legal de otros familiares y fueron reportados como desaparecidos al momento en que se constató que habían salido del país sin autorización.
Las circulares amarillas de Interpol para cinco de estos niños —alertas que señalan desaparición o riesgo grave— surgieron después de la llegada del grupo a Colombia. Esta es la razón por la que el personal migratorio no detectó la alerta en aeropuertos, pues aún no había sido emitida.
Según Migración, los menores viajaban en condiciones de vulnerabilidad, sin garantías de protección y bajo la custodia de adultos que no tenían derecho legal a su cuidado. Todos fueron trasladados al ICBF, donde se activaron rutas de atención y verificación de identidad familiar.
¿Qué delitos habrían cometido en Colombia?
Pese a su historial en otros países, las autoridades colombianas no han encontrado, por ahora, delitos cometidos dentro del territorio nacional. Sin embargo, Migración Colombia está adelantando una decisión administrativa que podría culminar en la expulsión de los adultos, debido al riesgo para la integridad de terceros, especialmente de los menores que los acompañaban.
El proceso incluye coordinación con autoridades diplomáticas, consulados y entidades de protección infantil para garantizar que los niños sean entregados a sus custodios legales.
Un caso que volvió a exponer los riesgos de Lev Tahor
La presencia de la secta en Antioquia no solo reavivó las preocupaciones internacionales sobre el comportamiento itinerante del grupo, sino que evidenció nuevamente sus prácticas de control y su impacto directo sobre los niños. Para Colombia, el caso demostró la necesidad de reforzar los mecanismos de alerta temprana y cooperación internacional cuando se trata de comunidades vinculadas a denuncias de abuso sistemático.
Para los países que han intentado detener su expansión, Lev Tahor representa algo más que un grupo religioso inofensivo: es una organización con antecedentes consolidados de violaciones de derechos humanos cuya estructura depende del aislamiento, la obediencia absoluta y el control de la vida de los menores.
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