La ruta dulce del Valle.

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Las fresas con crema son un clásico que nació lejos de Colombia. Su origen se remonta al siglo XVI en Inglaterra, donde el cardenal Thomas Wolsey las sirvió en un banquete para el rey Enrique VIII.

Con el tiempo, la receta se expandió por Europa y América Latina, adaptándose a los sabores locales.

En Colombia, el Valle del Cauca adoptó esta delicia y la convirtió en un ícono de su cultura gastronómica popular.

El clima templado, los cultivos de fresa en municipios como La Cumbre, El Cerrito y Dapa, y la costumbre de disfrutar un postre en medio de una tarde familiar hicieron de las fresas con crema mucho más que un simple antojo: se transformaron en una experiencia típica vallecaucana.

En pueblos y corregimientos del Valle, este postre se ha convertido en un plan infaltable. Lo que empezó como una venta callejera en parques y ferias, hoy es parte de la identidad turística de la región. Su éxito radica en la combinación perfecta: fresas frescas, crema suave y ese toque de queso rallado que sorprende a los visitantes, una costumbre única del suroccidente colombiano.

Además, su presentación colorida, el ambiente familiar y la facilidad de acceso desde ciudades como Cali o Palmira han impulsado su popularidad, sobre todo en redes sociales, donde viajeros y creadores de contenido comparten sus experiencias gastronómicas.

Dicen que las mejores fresas con crema están en Elena

Recientemente, el tiktoker @pavlofud, conocido por recomendar planes para comer y descubrir lugares únicos en el país, publicó un video que despertó antojos y curiosidad entre sus seguidores.

En él, viaja desde Uga hasta el corregimiento de Santa Elena, en El Cerrito (Valle del Cauca), para comprobar si allí venden las mejores fresas con crema del departamento.

El trayecto, según muestra en su video, toma entre 30 y 40 minutos y es un recorrido tranquilo rodeado de naturaleza. Al llegar, el visitante se encuentra con un pueblo encantador, lleno de color y vida, donde la tradición de las fresas con crema es toda una experiencia turística.

“Las filas se ven largas, pero la espera es de apenas diez minutos”, comenta el creador. En su recorrido, visita dos locales emblemáticos: uno dentro del parque principal y otro justo fuera de él.

El momento cumbre llega cuando se sirve el postre: una montaña de fresas frescas, crema espesa y una capa generosa de queso rallado. “Ahí entendí por qué la fama existe”, dice mientras disfruta cada bocado.

¿Por qué las de Santa Elena son tan especiales?

Por la frescura de los ingredientes: las fresas provienen de cultivos cercanos, lo que garantiza su sabor natural. Por la receta local: la crema espesa, ligeramente dulce y combinada con queso, crea un contraste único. Por el ambiente: comerlas en el parque de Santa Elena, rodeado de familias y música, le da un encanto propio. Por su accesibilidad: está lo suficientemente cerca de Cali como para ser un plan de medio día o fin de semana