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El acceso a productos de salud menstrual en Colombia entró en el centro del debate jurídico tras la decisión del Consejo de Estado de admitir una demanda que cuestiona su exclusión del sistema de salud.
La acción fue presentada contra el Ministerio de Salud y Protección Social y busca anular una disposición específica que actualmente impide que las toallas higiénicas sean financiadas con recursos públicos. Con esta admisión, el alto tribunal abre la puerta a un análisis que podría tener efectos importantes en la política de salud del país.
En concreto, la demanda se enfoca en la inclusión de las toallas higiénicas dentro del listado de servicios y tecnologías excluidos de la financiación estatal, establecido en la Resolución 695 de 2026. El objetivo es que estos productos sean reconocidos como un insumo esencial, especialmente para mujeres que requieren un manejo adecuado de su menstruación por condiciones médicas.
Según los argumentos presentados, la exclusión de estos elementos podría vulnerar el derecho fundamental a la salud, así como el principio de integralidad, que obliga al sistema a responder de manera completa a las necesidades de las personas. El planteamiento sostiene que no se trata de un producto opcional, sino de un componente básico para garantizar condiciones dignas.
El caso también pone en evidencia una problemática social respaldada por cifras oficiales. Datos del DANE indican que alrededor del 11% de las mujeres en Colombia ha tenido dificultades económicas para acceder a insumos menstruales, mientras que un 1,8% ha recurrido a materiales inadecuados como telas o papel higiénico.
La discusión no es solo jurídica, sino también social y económica. El proceso plantea interrogantes sobre la equidad en el acceso a la salud y el enfoque de género en las políticas públicas. De fondo, se debate si el cuidado menstrual debe ser asumido como una necesidad básica cubierta por el Estado.
Tras la admisión de la demanda, el Ministerio de Salud dispone de un plazo para responder, presentar pruebas y exponer sus argumentos. Posteriormente, el Consejo de Estado deberá evaluar el caso y tomar una decisión de fondo.
Si la demanda prospera, el país podría dar un paso importante en el reconocimiento de la salud menstrual como un derecho, lo que implicaría ajustes en la cobertura del sistema y un avance en la garantía de condiciones dignas para miles de mujeres.