Argenis Celestino Caballero Mata lleva casi una década construyendo su vida en Cali. Llegó desde Venezuela en busca de oportunidades laborales y con el propósito de mejorar las condiciones de sus tres hijos y apoyar a su familia.

En estos años ha trabajado en diferentes oficios, ha conocido amigos que lo han acompañado en Colombia y ha hecho de esta ciudad un lugar al que también siente como suyo.

El reencuentro que volvió a unir a sobrevivientes y rescatista del Ana Pilar

Sofía, sobreviviente del Ana Pilar, busca reconstruir sus sueños tras el terremoto

Su historia comenzó mucho antes de llegar a Cali. En Venezuela hizo parte del Ejército, trabajó como escolta y en seguridad, y se certificó en obras civiles y en el área metálica. También tuvo experiencia en el sector petrolero.

Hoy, desde el barrio Guadalupe, continúa trabajando mientras enfrenta una de las partes más difíciles de su vida: la distancia de sus seres queridos. Hace dos años pudo encontrarse con sus hijos, pero cuenta que lleva cerca de cinco años sin compartir con buena parte de su familia.

Hoy, desde el barrio Guadalupe, continúa trabajando mientras enfrenta una de las partes más difíciles de su vida: la distancia de sus seres queridos. Hace dos años pudo encontrarse con sus hijos, pero cuenta que lleva cerca de cinco años sin compartir con buena parte de su familia.

Argenis dice que llegó a Colombia con la intención de buscar una mejor calidad de vida y ayudar económicamente a los suyos. Sus tres hijos permanecen en Venezuela, aunque uno de ellos nació en Cali. Samuel David, Emanuel David y Angelismar Alejandra son parte de la motivación que, según cuenta, lo impulsa a continuar trabajando pese a la distancia.

El 10 de agosto, mientras se encontraba en una bodega junto a varios compañeros, el terremoto cambió por unas horas el rumbo de su vida. Cuando el movimiento terminó, escucharon sonidos provenientes de los escombros del edificio Ana Pilar.

Junto con otras personas de la comunidad se acercaron y comenzaron a buscar sobrevivientes. Primero encontraron a Sofía Jaramillo y posteriormente localizaron a Camilo Oyola, a quien Argenis recuerda haber visto con vida después de abrir un pequeño espacio entre los materiales que lo cubrían.

Para él, ayudar aquel día no fue una cuestión de nacionalidad ni de diferencias entre las personas. Fue una respuesta ante alguien que necesitaba auxilio. Argenis recuerda que, mientras llegaban los organismos de socorro, fueron los habitantes del sector y otras personas presentes quienes comenzaron a colaborar. Esa experiencia reforzó una idea que hoy quiere compartir: el respeto, el buen trato y la solidaridad deben estar presentes incluso cuando las circunstancias son difíciles.

Su vida continúa entre el trabajo en Cali, la preocupación por sus hijos y el deseo de volver a encontrarse con su familia. También conserva la esperanza de seguir creciendo y de aprovechar las oportunidades que encuentre en Colombia.

Después de lo ocurrido el 10 de agosto, Argenis asegura que una cosa quedó todavía más clara para él: nadie sabe qué puede ocurrir mañana, por eso considera importante aprovechar el tiempo, cuidar a los seres queridos y ayudar cuando alguien lo necesita.