La historia de Jesús Torres demuestra que las dificultades no siempre determinan hasta dónde puede llegar una persona. Nació sin ambas manos y sin uno de sus pies, pero encontró en el trabajo una oportunidad para salir adelante. Hoy, desde el oriente de Cali, se gana la vida en una ferretería, donde sus compañeros destacan su compromiso, honestidad y disposición para trabajar.
Jesús es oriundo de Istmina, Chocó. Llegó a Cali hace aproximadamente 15 años, no porque tuviera que escapar de la violencia, sino porque quería conocer otros lugares y encontrar mejores oportunidades. Una tía lo recibió en su casa y le abrió las puertas para comenzar una nueva vida en la capital vallecaucana.
Sin embargo, sus primeros meses en la ciudad no fueron fáciles. Pasó cerca de un año sin conseguir empleo, pese a que su tía buscaba distintas alternativas para ayudarlo. Incluso le propuso vender productos en la calle, pero él tenía claro que quería conseguir un trabajo y demostrar sus capacidades.
La respuesta que recibió en medio de esa búsqueda también estuvo marcada por los prejuicios. Según contó, su tía llegó a preguntarle quién le iba a dar trabajo si no tenía manos. Una frase que reflejaba las barreras que debía enfrentar para encontrar una oportunidad laboral.
De buscar una oportunidad en Cali a convertirse en un trabajador indispensable en una ferretería
La posibilidad llegó cuando Jesús se acercó a un grupo de trabajadores que realizaba una labor en la ciudad y les preguntó si podían ayudarlo a conseguir empleo. Desde entonces comenzó a trabajar con ellos y, según recuerda uno de sus compañeros, lleva alrededor de 15 años haciendo parte del equipo.
Quienes trabajan a su lado resaltan que es una persona honesta, sincera y comprometida. Su labor no se limita a tareas sencillas: carga bultos de cemento, descarga arena, sube varillas, las amarra y desamarra, además de conducir cuando es necesario.
Su historia también está atravesada por preguntas que se hizo desde pequeño. Jesús nació sin ambas manos y sin uno de sus pies, una condición que lo llevó a cuestionarse por qué era diferente al resto de sus hermanos, quienes no tienen esa misma condición.
A esos interrogantes se sumaron las burlas y el rechazo que, según relató, enfrentó durante su infancia y en su entorno familiar. Fueron momentos que afectaron su autoestima y lo llevaron a atravesar una de las etapas más difíciles de su vida.
Una experiencia espiritual cambió la manera en que Jesús Torres veía su propia vida
Jesús contó que hubo un momento en el que se sintió tan menospreciado que llegó a pensar en quitarse la vida. En medio de esa situación, recordó una experiencia espiritual que, según su relato, le permitió encontrar una razón para seguir adelante.
Mientras permanecía acostado, sintió que Dios le hablaba y le respondió a una pregunta que lo acompañaba desde niño: por qué había nacido sin sus dos manos y sin un pie.
En esa experiencia, Jesús sintió que recibía un mensaje para dejar de sentirse menos que los demás y reconocer que su vida tenía valor. Desde entonces, asegura que su fe se convirtió en una de sus principales motivaciones para continuar.
Hoy, cuando alguien lo ve trabajar y realizar actividades que muchos considerarían difíciles, su respuesta es sencilla: todo está en la mente. Para él, la disposición y las ganas de hacer las cosas son fundamentales para enfrentar los obstáculos.
Su compañero también destaca que Jesús no suele quejarse de las labores que realiza, incluso cuando implican un esfuerzo físico considerable. Mientras algunos se detendrían ante una dificultad, él busca la manera de cumplir con su trabajo.
La historia de este hombre nacido en Istmina y que encontró en Cali una oportunidad para construir su futuro deja un mensaje que va más allá de sus condiciones físicas: las capacidades de una persona no deberían medirse por aquello que le falta. Como él mismo lo resume, con la bendición de Dios, todo se puede.