En el actual barrio Tejares de San Fernando aún sobreviven rastros del sitio donde comenzó una de las mayores transformaciones urbanas de Cali.
Noticias Cali.
Los restos que aún sobreviven en el sector de Tejares de San Fernando guardan una historia poco conocida. Según el historiador Ricardo Realpe, desde ese lugar salió el material con el que se fabricaron los ladrillos utilizados en la construcción de la actual iglesia de San Francisco.
Aunque hoy el sitio hace parte de la ciudad, hace más de dos siglos funcionó allí la primera fábrica de ladrillos de Cali. De ese antiguo complejo todavía quedan algunos vestigios que recuerdan el inicio de una transformación en la forma de construir viviendas y edificios.
Ricardo Realpe explica que la historia comenzó en 1801. En ese momento, la comunidad franciscana necesitaba producir ladrillos cocidos para levantar la iglesia de San Francisco, ya que en la ciudad no existían lugares donde se comercializara ese material.
La solución llegó tras un acuerdo con Josefa Guevara de Girón, propietaria del terreno. Los franciscanos, representados por su síndico Miguel Humaña, obtuvieron permiso para extraer la arcilla y compartir las ganancias de la producción con la dueña del predio.

Antes del ladrillo, las casas dependían del adobe y el bahareque
Antes de que apareciera el ladrillo cocido, las construcciones en Cali se levantaban con bahareque y adobe. El primero utilizaba materiales vegetales y guadua para sostener las estructuras. El segundo consistía en barro moldeado y secado al sol.
De acuerdo con Ricardo Realpe, el adobe presentaba varias limitaciones. Soportaba poco peso, obligaba a construir muros muy gruesos y era altamente vulnerable al agua.
Por esa razón, las viviendas necesitaban elementos adicionales de protección. Los aleros evitaban que la lluvia golpeara directamente las paredes, mientras la cal y los zócalos ayudaban a reducir el deterioro causado por la humedad.
El cambio llegó con la producción de ladrillo cocido. La arcilla extraída en la colina era llevada a hornos donde se calentaba mediante la combustión de madera y un arbusto conocido como chirca, origen del nombre «chircales» que recibían esos hornos.

El ladrillo cambió la arquitectura de la ciudad
En sus primeros años, fabricar ladrillo era un proceso costoso. Esa situación impidió que la mayoría de las viviendas de Cali adoptaran de inmediato este nuevo material.
Según Ricardo Realpe, el panorama empezó a cambiar hacia 1880, cuando el carbón reemplazó la madera como combustible. Esa innovación redujo los costos de producción y permitió que el ladrillo cocido llegara a más familias.
Con el paso de los años, las paredes de adobe comenzaron a desaparecer del paisaje urbano. En su lugar surgieron edificaciones en ladrillo que todavía hacen parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad, como la Casa Proartes.
La historia de los antiguos tejares también tuvo un último capítulo. Ricardo Realpe señala que, tras un periodo de abandono, los terrenos fueron retomados por el empresario Manuel María Buenaventura para continuar la producción. Décadas después, con el cierre definitivo de la actividad, el crecimiento urbano dio paso al actual barrio Tejares de San Fernando, donde aún sobreviven las huellas de una industria que cambió para siempre la arquitectura de Cali.





























