Deisy Granados y sus hijas Karen y Daniela fueron asesinadas en su casa en el sur de Bogotá; el agresor confeso hoy enfrenta a la justicia.
Noticias Colombia.
Ferney Penagos nunca imaginó que sus llamadas sin respuesta terminarían en la peor tragedia de su vida. Sus dos hijas, Karen de 20 años y Daniela de 17, y su expareja Deisy Granados Arboleda de 42 años, fueron asesinadas presuntamente por Cristian Camilo Valencia en un triple feminicidio en el barrio Atalayas, de la localidad de Bosa, que desnuda las fallas del sistema de protección a víctimas de violencia en Colombia.
«Karen me había pedido que la levantara temprano el 20 de marzo», recuerda Ferney con la voz quebrada. Pero esa llamada nunca llegó. Durante varios días, entre el 20 y el 24 de marzo, intentó comunicarse sin éxito. «Como la mamá era muy hermética con su vida personal, no me generó gran sospecha al principio», explicó.
Deisy era una mujer trabajadora, operaria del sector textil, emprendedora y dedicada a sus hijas. Karen estudiaba para convertirse en auxiliar de vuelo, era soñadora y llena de energía. Daniela cursaba su último año de bachillerato, dulce y cariñosa. Las tres compartían un vínculo profundo de risas, sueños y planes que fueron brutalmente arrebatados.
La escalofriante convivencia con la muerte
Lo que las autoridades descubrieron el 24 de marzo helará la sangre de cualquiera: las tres mujeres presentaban heridas con arma blanca y habrían sido asesinadas mientras dormían; según la hipótesis de los investigadores, el crimen se habría cometido días antes del hallazgo. Durante ese tiempo, Cristian Camilo Valencia habría permanecido en la casa con sus cuerpos sin vida.
Pero además, habría utilizado los teléfonos de sus víctimas para responder mensajes, publicar en redes sociales y mantener la ilusión de que seguían vivas. Según testigos, vecinos lo vieron salir y entrar de la vivienda con normalidad mientras en el interior yacían los tres cuerpos.
El sistema falló. En febrero de 2026, semanas antes del crimen, Deisy presentó una denuncia formal contra Valencia por violencia intrafamiliar, en la que quedaron documentados episodios de agresiones y amenazas. Sus palabras fueron proféticas y aterradoras: advirtió que si denunciaba, su vida y la de sus hijas corrían peligro.
Nadie actuó con la contundencia necesaria. No hubo medidas de protección efectivas. Las alertas fueron ignoradas. Y el 20 de marzo, las amenazas se habrían convertido en realidad de la manera más brutal.
El grito de justicia de un padre destrozado
«No entiendo por qué hizo eso y de esa forma. Mis hijas no le habían hecho nada a nadie, eran unas niñas», expresó Ferney al recordar la escena del crimen. «Cuando vi que acordonaron y no me dejaron ingresar, ya sabía que era lo peor. Este tipo no merece ni ver la luz del sol para lo que hizo».
En la audiencia de imputación de cargos, Valencia aceptó ser responsable del triple feminicidio. Presentaba heridas autoinfligidas y habría intentado suicidarse con una sustancia tóxica, antes de ser trasladado a un centro asistencial. El juez lo señaló como un peligro para la sociedad, citando las amenazas previas contra Deisy y sus hijas.
Ferney Penagos hace un llamado urgente a los legisladores del país: «Cuando hagan una ley, no lo hagan como una tarea más de su día a día en su oficina, háganlo como dolientes. No es justo para nuestras mujeres que estas personas lleguen diciendo ‘tengo derecho’ después de cometer estos actos».
La comunidad de Bosa se manifestó con un grito unánime: «Ni una más». Estudiantes, docentes y familias de la ciudadela educativa donde estudiaban las jóvenes se unieron en memoria de Karen, Daniela y Deisy. Tres mujeres que merecían vivir, soñar y ser felices.




























