La versión oficial habla de un accidente doméstico, pero el entorno de la joven rechaza esa explicación.
Noticias Internacionales.
El caso de Ana Febe Rojas Vega, pedagoga de 28 años egresada de la FES Acatlán, se ha convertido, según activistas y colectivos feministas, en un símbolo más de las deficiencias del sistema de justicia mexicano en materia de violencia de género. La joven desapareció el 24 de marzo de 2025, justo el día que recibiría su título universitario, y fue encontrada sin vida horas después en circunstancias que su familia califica como un posible feminicidio.
Ana Febe contrajo matrimonio con Cristian N. (también identificado como Felipe N.) tras un noviazgo acelerado de apenas dos meses. Según testimonios de su madre, María Isabel Vega, y su hermana Axa Rojas, la relación estuvo marcada desde el inicio por violencia física, psicológica y control absoluto. «La golpeaba para que no se notaran los golpes, ponía almohadas para no dejar huella, le prohibía usar sus dispositivos y redes sociales», relató su madre en declaraciones retomadas por distintos medios.
La joven pedagoga, descrita por su entorno como alegre y creativa, comenzó a mostrar cambios radicales: desapareció de redes sociales, limitó el contacto con su familia, cambió su apariencia física y dejó de trabajar por presión de su esposo, de acuerdo con la familia. Estos patrones son típicos de relaciones de violencia de género con componentes de control coercitivo, según especialistas consultados por otros medios.
La noche del 24 de marzo: versiones contradictorias
La versión oficial inicial señaló que Ana Febe habría sufrido una caída mientras se pintaba el cabello en el baño, derivando en un paro cardiorrespiratorio. Sin embargo, la familia rechaza categóricamente esta narrativa. Al identificar el cuerpo, reportaron múltiples signos de violencia y lo que consideran graves irregularidades en el manejo de la escena donde fue hallada.
«Mi hija se estaba protegiendo. La puerta estaba rota. Cuando vimos el departamento, sus zapatos y ropa estaban en los sillones, ya tenía los aretes puestos. Es falso que se estaba pintando el cabello, eso es una mentira», afirmó su madre, Isabel Vega, en entrevistas difundidas en medios nacionales.
La familia denuncia que el lugar de los hechos no fue acordonado adecuadamente y que hubo libre tránsito de familiares del esposo y miembros de la congregación religiosa «El Remanente», a la que pertenecía Cristian N., lo que, a su juicio, contaminó la escena. Además, señalan que las autoridades no les han entregado la carpeta de investigación completa y que solo podrán revisarla hasta mayo, pese a sus solicitudes.
El dictamen preliminar atribuye la muerte a intoxicación por monóxido de carbono y congestión intestinal masiva, una explicación que la familia considera inverosímil. «Debió estar muy bien sellado ese baño para que hubiera alta concentración de gas, pero que él no se percatara del olor al llegar. No me voy a comer ese cuento», declaró la madre de Ana Febe.
El Papel de la Congregación Religiosa
Uno de los aspectos que más inquieta a la familia es el rol de la iglesia «El Remanente». Según sus denuncias, líderes de esta congregación conocían los antecedentes de violencia de Cristian N. antes del matrimonio, pero no solo no actuaron para proteger a Ana Febe, sino que habrían presionado a la joven para mantener la relación bajo narrativas de «perdón y sumisión».
«Esta congregación ya sabía quién era Felipe N. Ya sabían de su antecedente de violencia antes del matrimonio», denunció Axa Rojas, hermana de la víctima.
El caso se abrió inicialmente como homicidio culposo, clasificación que, de acuerdo con la familia y colectivos feministas, ignora completamente el historial de violencia documentado. Por ello, exigen que sea reclasificado como feminicidio y que sea investigado con perspectiva de género. Durante la conferencia matutina del 14 de abril, la presidenta Claudia Sheinbaum pidió públicamente que el caso sea investigado como feminicidio, en cumplimiento de los protocolos para muertes violentas de mujeres.
La comunidad universitaria de la FES Acatlán realizó un homenaje en honor a Ana Febe, quien nunca pudo recibir el título por el que tanto había trabajado. Su nombre se suma, en la memoria colectiva, a la lista interminable de mujeres víctimas de feminicidio en México, en un sistema que, según organizaciones y familiares de víctimas, continúa fallando en su protección.
La lucha de la familia Rojas Vega representa la de miles de familias mexicanas que enfrentan la impunidad, la revictimización institucional y la falta de perspectiva de género en las investigaciones de muertes violentas de mujeres. Ana Febe tenía 28 años, una vida por delante y planes de dedicarse a niños con discapacidad, según relató su entorno cercano. Para su familia, su muerte no puede quedar impune.


























