El caso de una joven ecuatoriana asesinada en Lima revela cómo las mafias captan mujeres con falsas ofertas de empleo en la región.
Noticias Internacionales.
Cuatro niños en Ecuador esperaban el regreso de su madre. Jennifer Lisbeth Mendoza Segura había partido hacia Lima con la promesa de un empleo que cambiaría sus vidas. Ocho días después, su cuerpo apareció dentro de un colchón abandonado en las calles de San Martín de Porres, víctima de una red de trata de personas que opera entre Perú y Ecuador explotando la desesperación de mujeres migrantes.
Jennifer, de 25 años, creció en Milagro, provincia de Guayas, en un entorno marcado por limitaciones económicas. Había conseguido un trabajo temporal en el municipio que terminó en diciembre de 2025. A inicios de 2026, sin ingresos y con cuatro hijos que mantener, apareció la oferta que parecía perfecta: trabajo en Perú con buenos ingresos.
Este patrón se repite constantemente. Las redes de trata identifican a mujeres en situaciones económicas precarias, madres solteras o amas de casa que necesitan urgentemente generar ingresos. Les ofrecen empleos vagos pero bien remunerados en otros países, aprovechando que la necesidad limita la capacidad de verificar la legitimidad de las ofertas.
Anatomía de una red de explotación
La investigación policial reveló una estructura criminal sofisticada. La vivienda en Los Olivos funcionaba como centro de operaciones donde mantenían a las víctimas. Cuando los agentes registraron el inmueble, encontraron evidencia de que al menos 17 mujeres habían sido retenidas allí, pero todas habían desaparecido cuando llegó la policía.
Alexander Figueroa, señalado como líder de la red, tenía vínculos con bandas criminales ecuatorianas conocidas como «los tigerones» y «los lobos». Según análisis, estas organizaciones operan rutas de trata que cruzan fronteras, reclutando víctimas en Ecuador y explotándolas en Perú.
Las señales de alerta que pudieron salvarla
Expertos en prevención de trata identifican varios indicadores que estuvieron presentes en el caso de Jennifer:
La oferta laboral carecía de detalles específicos: no había nombre de empresa, descripción clara del puesto ni contrato formal. Jennifer debía encontrarse con «alguien» en la terminal de buses, una persona sin identificación clara. No hubo proceso de selección ni entrevista laboral. La promesa era vaga pero financieramente atractiva.
Las organizaciones legítimas no operan así. Las empresas formales proporcionan contratos escritos, información verificable sobre la compañía y nunca exigen pagos adelantados para procesos de contratación.
Un sistema judicial desbordado
El general Víctor Reboredo confirmó que la captura de Figueroa en Ecuador ocurrió por otro crimen —el asesinato de un policía ecuatoriano— y que durante ese interrogatorio surgió la confesión sobre Jennifer. Este caso ilustra cómo las redes criminales operan múltiples actividades ilícitas simultáneamente.
Las cifras oficiales son alarmantes: 1,900 denuncias de trata en Perú durante 2024, pero apenas 30 sentencias condenatorias. Esta brecha entre denuncia y justicia refleja la complejidad de perseguir criminales que operan internacionalmente y la falta de recursos de los sistemas judiciales.
El drama de la migración laboral femenina
Jennifer no viajaba en busca de aventura sino de supervivencia. Como miles de mujeres latinoamericanas, enfrentaba la imposibilidad de sostener a su familia con empleos locales. La migración laboral se presenta como única alternativa, pero también como espacio de máxima vulnerabilidad.
Los familiares de Jennifer recogieron su cuerpo cubriendo sus rostros por miedo a represalias. Este detalle final resume la dimensión del problema: incluso después de la muerte de una víctima, las redes criminales mantienen su capacidad de intimidación.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la droga ha documentado 225,000 víctimas de trata desde 2003. Detrás de cada estadística hay una historia como la de Jennifer: una madre que quería construir una casa para sus hijos y encontró la muerte en un país extranjero, a manos de quienes convirtieron su esperanza en mercancía.
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