Senderos ecológicos y cientos de aves hacen parte de la transformación que vive este espacio en el corazón del departamento.
Noticias Valle.
Un brote de agua escondido en medio de la montaña terminó marcando el inicio de una historia de conservación que hoy se reconoce en el Valle del Cauca. Lo que antes era una finca ganadera en zona rural de Buga, se transformó en un referente de ecoturismo y avistamiento de aves.
“Esto fue una finca ganadera hace muchos años, pero el abuelo siempre dejó las zonas de nacimientos y quebradas con buena protección de bosque, entonces fue algo cultural. Y cuando ya entro yo a practicar algunas actividades agrícolas a esta zona, me encuentro con un brote de agua en medio de la montaña”, recordó Héctor Bejarano, propietario del predio Aguabonita.

Ese hallazgo impulsó a la familia Bejarano a proteger el territorio y consolidar, con el paso de los años, un proyecto ambiental que hoy cumple cerca de 48 años de evolución constante.
“Organizamos una fundación y esa fundación se enfocó en la conservación, el ecoturismo y el turismo de naturaleza. Recibimos formación del SENA y de la CVC durante cerca de tres años”, explicó Héctor Fabio Bejarano.
Ecoturismo en Aguabonita: un modelo de conservación en el Valle del Cauca
El predio se ubica en un bosque húmedo, a unos 1.600 metros sobre el nivel del mar, lo que lo convierte en un punto estratégico para la biodiversidad y el turismo de naturaleza.
“Se caracteriza por el albergue de muchas especies de aves, entre ellas colibríes, vencejos, trepatroncos y mieleros”, explicó Jenny Sepúlveda, administradora ambiental de la CVC.
En medio del paisaje, un sendero natural se ha convertido en escenario de caminatas ecológicas y observación de aves, una actividad que ha ido ganando fuerza en la región.

“Hemos hecho varias prácticas porque el sendero tiene muy buenas aves y es un sitio con bosque para actividades de campo”, dijo Juan Manuel Bedoya, estudiante del colegio agropecuario vereda Alaska.
Avistamiento de aves y educación ambiental: impacto en la comunidad
El proyecto no solo ha fortalecido el turismo, también ha abierto oportunidades de aprendizaje para jóvenes de instituciones cercanas, que hoy usan el predio como un espacio de formación práctica.
“Los beneficiarios son los propietarios, pero también la institución educativa La Magdalena Sede Alaska, donde los jóvenes vienen fortaleciendo la observación de aves”, añadió Jenny Sepúlveda.

El aviturismo también ha empezado a generar beneficios económicos para la familia propietaria, al tiempo que impulsa procesos educativos en el territorio.
“En los últimos tres años el avistamiento de aves tomó fuerza gracias al apoyo del SENA y la CVC, que han permitido formar guías y fortalecer el conocimiento”, explicó Héctor Fabio Bejarano.
Hoy, Aguabonita no solo es un proyecto familiar, sino un ejemplo de cómo la conservación, la educación y el turismo pueden convivir en un mismo espacio, convirtiendo la naturaleza en un aula viva para el Valle del Cauca.





























