Mario Fernando Prado no necesitó un gran estudio, una escenografía sofisticada ni un cuestionario interminable para hacer diferente una entrevista. Le bastaron un piano, un invitado y una idea que terminó convirtiéndose en una de las fórmulas más particulares de la televisión colombiana: conversar mientras tocaba.
La historia comenzó hace más de dos décadas, cuando Alfonso Córdoba, entonces dueño de Canal 25, le propuso llevar a la televisión su conocida columna ‘Sirirí’. Prado conversó sobre el proyecto con el publicista Carlos Duque y, casi por casualidad, encontraron la respuesta en un restaurante de Bogotá donde había un piano. Duque le pidió que se sentara, tocara y le hiciera cualquier pregunta. De ese ejercicio nació Mario Fernando Piano.
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El programa comenzó recorriendo escenarios donde hubiera un piano. Teatro Municipal, Teatro Jorge Isaacs, auditorios y hoteles se convirtieron en improvisados estudios de televisión. Con los años, Prado acumuló más de 900 entrevistas, en las que recibió a presidentes, artistas, empresarios, ministros y también personajes desconocidos.
Una entrevista que sonaba diferente
La verdadera innovación estaba en la manera de preparar cada conversación. Prado investigaba previamente qué canciones tenían significado para sus invitados y utilizaba esas melodías durante la entrevista.
El piano podía convertirse entonces en una pregunta distinta. Una canción podía despertar un recuerdo, provocar una confesión o incluso hacer llorar al entrevistado. Prado entendió que algunas historias no aparecían cuando se formulaba una pregunta, sino cuando una melodía lograba tocar una memoria.
La fórmula incluso llegó a darle un Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, gracias a una entrevista a dos pianos con el maestro Jaime R. Echavarría.
De la televisión a las calles
Su relación con el piano tampoco terminó frente a las cámaras. En los últimos años creó el llamado “piano callejero”, montó un Clavinova en una camioneta y llevó la música a hospitales, fundaciones, parques y hasta al Zoológico de Cali, donde la reacción de algunos animales llamó la atención de medios internacionales.
Así construyó una carrera difícil de repetir: periodista, columnista, publicista y pianista autodidacta. Pero quizás su mayor aporte estuvo en demostrar que una entrevista podía hacerse de otra manera.