La experiencia de Carlos Lehder en cárceles de alta seguridad en Estados Unidos volvió a tomar relevancia tras sus recientes declaraciones sobre el impacto del confinamiento extremo. El exintegrante del cartel de Medellín relató cómo el aislamiento absoluto al que fue sometido durante años transformó su percepción del tiempo, la mente y la vida misma, en lo que describió como una de las formas más severas de castigo carcelario.
Lehder compartió su testimonio en una conversación pública en la que trazó paralelos entre su pasado y la situación que, según él, podría estar enfrentando actualmente el presidente venezolano Nicolás Maduro. Para el exconvicto, este tipo de prisiones no buscan únicamente restringir la libertad física, sino ejercer una presión psicológica constante sobre quienes son considerados reclusos de alto perfil.
Según explicó, su llegada a ese régimen penitenciario fue casi inmediata tras ser detenido y extraditado. En cuestión de horas fue clasificado como extremadamente peligroso, una etiqueta que lo llevó a la penitenciaría de Marion, en Illinois, un centro que en su momento representaba el máximo nivel de seguridad carcelaria en Estados Unidos.
«Se trata de un régimen de confinamiento de súper máxima seguridad no común… un lugar de oscuridad total y aislamiento absoluto», dijo Lehder en entrevista en el podcast Más Allá del Silencio.
El día a día dentro de ese lugar, relató, estaba marcado por la soledad total. Las celdas carecían de elementos básicos, el contacto con otros internos era inexistente y la interacción humana se reducía al paso silencioso de los custodios. Las salidas al exterior eran escasas y se realizaban bajo estricta vigilancia, sin posibilidad de conversación ni contacto social.
«Es el planeta oscuro. Allí no hay luz, no hay sol. No hay conversación ni contacto humano, excepto con los guardias que te dan la comida. Él está internado en una celda que no tiene muebles. No sé si hoy día tengan televisor o no, pero ese régimen es de cada hora. Hoy día, con las cámaras, a toda hora lo están monitoreando», expresó Lehder.
Más que el encierro físico, Lehder subrayó las consecuencias mentales de ese aislamiento prolongado. La ausencia de estímulos, el silencio constante y la falta de vínculos humanos obligaban a los presos a convivir únicamente con sus pensamientos, lo que, según dijo, genera un desgaste emocional profundo y difícil de revertir.
Desde su vivencia, el exmiembro del cartel aseguró que este tipo de reclusión deja huellas permanentes. Considera que quienes atraviesan por un confinamiento de súper máxima seguridad enfrentan una prueba psicológica extrema, en la que la resistencia mental se convierte en el único recurso para soportar un entorno que describió como frío, desolador y completamente ajeno a cualquier noción de normalidad.
Acá, la entrevista completa que ofreció Carlos Lehder:
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