Noticias Cali.
Por Ángela Collazos / Periodista de Tu Barco.

Como todas las dinámicas en la ciudad en estos días de cuarentena, todo ha cambiado en la Galería Alameda.

Los pasillos atiborrados de gente en busca de lo más sabroso de la cultura caleña ya no se ven como antes. Cumplen con todas las restricciones que todo lugar público debe cumplir por estos días.

Estas son algunas imágenes de parte de la vida que ha quedado suspendida y que ahora miramos con nostalgia.

Así era la vida en la Galería Alameda cuando nada nos separaba; parte de la vida que por ahora ha quedado suspendida y que hoy miramos con nostalgia. ¡Volveremos!

Posted by Angela On Air on Tuesday, May 12, 2020

La Galería Alameda ha acompañado a los caleños desde 1959 cuando nació a la par que la Feria de Cali, en ese intento por rescatar la alegría de la gente que había quedado en el olvido, luego de la explosión del camión cargado con pólvora  en 1958, la cual dejó cientos de muertos y una ciudad de atmósfera gris y taciturna, como sepultada por las cenizas.

La Feria surgió y con ella los desfiles y la rumba, renovando la alegría caleña.

El caleño bailador y trasnochador salía por las calles de la ciudad pequeña a horas de la madrugada, en busca de alimento que reviviera las energías perdidas por las horas de salsa en los grilles nocturnos.

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Por la Calle 9 con Carrera 26 se juntaban señoras que hacían ceviches y caldos como el de pajarilla, que atendían a todos los comensales que llegaban prácticamente a desayunar sin haber ayunado.

Desde entonces la Plaza de Mercado Alameda, más conocida como la Galería Alameda, ha sido el centro gastronómico más importante de la ciudad, convirtiéndose en un ícono ineludible para los amantes de la cocina valluna.

Allí se ha gestado lo más sabroso de la cultura caleña; sitios que han perdurado por más de 30 o 40 años.

Las cevicherías y las pescaderías que la circundan, como la de doña Fanny, pionera en el negocio, que deleita a los comensales con su coctel de camarones, bañados en salsa de tomate Fruco, mayonesa, cebolla y jugo de limón.

O las rellenas de Carolina, que importadas desde Jamundí, de donde era la dueña, ahora la receta la perpetúa su hija, servida con hogao y yuca.

O la ganadora de los Premios La Barra como Mejor Cocinera de Tradición, la tan querida Basilia, chocoana, que huérfana llegó de su tierra para destacarse con su caldo de pajarilla, el arroz atollado, el triple o el sancocho de pescado.

Y qué decir de los fritos, como los de doña Nelly, que exhibe en su vitrina los más carnudos chicharrones, el chunchulo y los chorizos, que con un vasado de jugo, que parecen dos, van a disfrutar tanto caleños como extranjeros a cualquier hora del día.

O los tamales y las empanadas de doña Teresita, que ha levantado a su familia trabajando en la galería y que le impregna el sabor de su alegría a los platos que sus clientes disfrutan al desayuno o al almuerzo.

Y así la lista sería casi infinita. Cada visitante descubre su rincón y lo vuelve predilecto.

Las nuevas propuestas no se han hecho esperar. Allí se encuentran desde cafés gourmet, alta pastelería, cocina peruana, fusiones de la nueva cocina vallecaucana y el afamado restaurante Gusto Español.

La Galería Alameda es el principal epicentro de compras para los chefs más reconocidos de la ciudad, un verdadero edén para los amantes de la cocina.

Con el proyecto de periodismo independiente Angela On Air, se pretendía hacer una crónica en busca de todas las delicias mencionadas, guiada por uno de los más pretigiosos chefs de la ciudad, Harold Torres Paz.

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Sin embargo, gracias a que las dinámicas de la vida en cuarentena cambiaron y, por ende, cambiaron las reglas de juego para la vida en sociedad y para muchos proyectos que requieren de trabajo de campo como el de Angela On Air, se decidió extraer varios fragmentos de las imágenes recolectadas, que recordaran cómo era la vida cuando “nada nos separaba”; cuando no habían fronteras que ocultaran nuestras sonrisas con los tapabocas; cuando las manos desnudas de las cocineras adherían la sazón a sus alimentos sin limitantes de guantes de plástico; cuando compartíamos sin distingo de estrato la mesa larga; cuando podíamos todos juntarnos y atravesarnos y saludarnos sin temor al contagio de un virus extranjero.

Volveremos. Estas imágenes dejarán de ser un recuerdo para volver a ser nuestra realidad. De eso estamos seguros. Algún día volveremos a la vida normal y a disfrutar de las delicias que nos ofrece la Galería Alameda.

 

 

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