Daniel, 58 años, reciclador.

Crónica. Por Yefferson Ospina / Periodista de Tu Barco. 

Hace 21 años que Daniel no sabe lo que es permanecer en un hogar. ¿Por qué lo va a hacer ahora?

Su nombre es Daniel. Piel negra, cabellos canos, pocos dientes.

Daniel tiene 58 años. Nació en Tumaco, en la Costa Pacífica. A los 37 llegó a Cali, luego de que un comandante de las Farc lo amenazara de muerte.

Entonces, en Cali, se convirtió en lo que es, en lo que seguramente será hasta la muerte. Daniel recicla. Recorre la ciudad entera con una carreta en busca de papel, cartón, plástico, metal, lo que sea que pueda venderse, revenderse, lo que sea que pueda darle unos pesos para vivir. 

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Vivir.

La vida de Daniel es un cuarto por el que a diario paga $6 mil pesos en el centro de Cali. La vida de Daniel es un café con un buñuelo que compra en una cafetería del centro, un almuerzo que a veces puede comprar y muchas debe omitir. Una comida que se hace en el cuarto que alquila o que recibe de Samaritanos de la Calle.

El cuerpo de Daniel es extraño. Es a la vez fibroso y delgado y desgastado. Una coincidencia paradójica de fuerza y hambre y vejez. Eso es su cuerpo.

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En cuarentena Daniel no ha dejado de salir con su carreta. Tiene permiso para hacerlo. Es una de esas personas ignoradas, lanzadas al margen más remoto que, sin embargo, se encargan de la limpieza de la ciudad. Daniel es uno de esos hombres que a diario hacen de esta ciudad un lugar un poco mejor. O un lugar algo «menos peor». Limpian la ciudad. Dividen tus basuras, las mías, las de nuestras familias, y hacen que lo que todos desechamos afecte un poco menos. Desgaste un poco menos un planeta tan desgastado.

Daniel es una de esas personas que nos salvan la vida un poco. Y sin embargo, Daniel es un olvidado, un ignorado, un relegado de todo. Daniel no tiene mercados de la Alcaldía, ni giros solidarios, ni tapabocas ni geles desinfectantes, ni tampoco servicio de salud, su cédula es una copia de la original que perdió, no sabe dónde está su familia. Nada.

Y sigue. En cuarentena no para. Debe mantener aquello que él llama su vida. El cuarto del centro, la poca comida, la nada de ropa, unos tragos de vez en cuando.

Hace 21 años que Daniel no sabe lo que es permanecer en un hogar.

¿Por qué lo va a hacer ahora?

 

 

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