Conservando la gracia de Dios.

 

Opinión/Hernando Fito Hurtando.

Debemos cuidar el cuerpo que Dios nos dio y no usarlo para el pecado. El ser humano tiene un solo gran problema para su relación con Dios y es el pecado.

Los pecados nos apartan de su gracia. Un alma pecadora está encarcelada y atada a un demonio.

Dios ama al pecador, pero no al pecado.

Aborrece las prácticas antinaturales.

Levítico 18:22, dice claramente: No te echarás con varón como con mujer; es abominación.

Y recalca en 1 Corintios 6:9. “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones”.

Justamente este tema causa tremenda polémica en el mundo moderno y algunos señalan que “hay que ser modernos”, o como se dice de “mente abierta”.

Creen que la palabra de Dios que está en la biblia está pasada de moda y no es cierto.

El libro de Gálatas 6:7, dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.

LA OPCIÓN DE REZAR Y PECAR.
Muchos cristianos perseveran en la oración o en rezar, pero también en el pecado.

Quien peca, trae las consecuencias de esa conducta a su vida.

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”. Se lee en 1 Timoteo 1:15-17.

Jesucristo es el único que perdona los pecados.

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra”, Isaías 1:18-19.

La invitación es que a reflexionemos y no insistamos más en el pecado, porque no importa lo mucho que oremos, eso igual no va a servir para nada si desobedecemos los mandatos del Señor.

La solución es pedir perdón, arrepentirse y apartarse de esas conductas.

¡Feliz y bendecida semana para los lectores de Tu Barco!

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