El joven científico Ricardo Antonio Torres Palma se llevó el prestigioso galardón en la modalidad académica. Ejemplo.

 

El tumaqueño Ricardo Antonio Torres Palma nació para hacer historia.

Aun viendo de frente el ambiente adverso de la violencia y la desigualdad social presente en su ciudad natal, siempre soñó en grande.

“Yo quiero ser Nobel de Química”, decía entre risas pero con tono serio en las aulas del Liceo Nacional Max Seidel.

Allí dio las primeras puntadas de lo que sería su prolífica carrera: fue el mejor bachiller de ese colegio en 1991.

Sus maestros lo recuerdan como una mente brillante que nunca dejó amilanarse ante las escasas expectativas de formación superior en su tierra natal.

Fue así como terminó en la Universidad del Valle, donde se graduó como químico y cursó también su maestría.

ESTUDIAR EL AGUA, SU PASIÓN

Contribuir a solucionar uno de los eternos males de Tumaco: el tratamiento y acceso agua potable, fue la pasión que lo encumbró en su campo científico.

Torres Palma, de 43 años, obtuvo doctorado en Química de la Universidad de Savoie en Francia, y posdoctorado la Universidad de Toronto.

Su amor por esta línea, lo convirtió en el científico colombiano más citado en el mundo en el tratamiento de aguas usando ultrasonido.

Colciencias lo cataloga un investigador senior.

Actualmente es profesor de la Universidad de Antioquia, donde fundó el Grupo de Investigación en Remediación Ambiental y Biocatálisis.

Este importante legado entregado al conocimiento lo llevaron a convertirse en el Afrocolombiano 2018.

El concurso, impulsado por el diario El Espectador, rinde homenajes a los hijos ilustres del litoral que aportan al país y al mundo.

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