Opinión

Los obstáculos que impiden los milagros

El nuevo mensaje espiritual para transformar vidas

 

Opinión

Hay personas que llevan muchos años como cristianos y no cambia nada en sus vidas; siguen siendo los mismos, con las mismas enfermedades, la misma escasez de dinero y también abundancia de problemas o lo que llamamos popularmente como ‘chicharrones’.

Cuando eso está pasando, es que las puertas de la bendición están cerradas por una actitud o comportamiento que no deja fluir la acción de Dios.

Esto es lo que se denomina una atadura, ligadura o cadena de maldición. Estas cosas deben ser rotas a través de ayuno, oración y separarse de todo lo que nos ata y nos tiene frenados, como pecados o malos pensamientos.

“Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos; y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre”. Isaías 45:1-3.

A ese anterior pasaje de la biblia, quítele el nombre de Ciro y póngale su propio nombre (así como se llama usted) y vuelva a leerlo.

Diez frenos a la bendición

Lo que retrasa o elimina la bendición están condensadas en estas diez causas:
1. El rechazo y el temor.
2. La amargura.
3. El orgullo y la vanidad.
4. Los pecados ocultos o muy pequeños.
5. Restitución al agravio o al agraviado.
6. La soberbia.
7. La falta de perdón.
8. Las iras.
9. Las contiendas.
10. Las ataduras (incluidos vicios, la lascivia, los pecados sexuales y la idolatría).

Hay cosas en la vida de los seres humanos que se ven como normales y otras muy exóticas como la de la joven Jenny Ambuila, cuyo caso se conoció esta semana en las noticias de gastos excesivos, con dineros provenientes de un delito por parte de funcionarios de la DIAN.

A ella la atacó el espíritu de la vanidad y por eso publicaba sus lujos extravagantes en redes sociales.

Todo ese comportamiento tiene en serios problemas judiciales a ella y a su familia.

Allí nos damos cuenta que, la tranquilidad que es la misma paz que viene de Dios, no tiene precio.

Feliz y bendecida semana para todos los lectores de Tu Barco.

Por: Fernando “Fito” Hurtado.
Maestro en doctrina

Armadura de Dios: Una auténtica confianza en su poder

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