El gozo del Señor es nuestra fortaleza

Opinión

 

El libro de Ester, en la biblia, habla de la historia de Mardoqueo, protector de la reina Ester, al cual Amán, un hombre perverso quería eliminarlo porque le resultaba un estorbo para sus ambiciones de poder en el mandato del rey Asuero en Persia, que gobernaba un amplio territorio de 127 provincias, desde la India hasta Etiopía.

Hay tres hechos peculiares: el primero de ellos, es que este es el único texto de la biblia en el que nunca se nombra a Jehová, ni se hace alusión directa a Dios, pero todo se desenvuelve dentro de su ámbito porque Mardoqueo (servidor del rey) y Ester, ambos judíos y parientes, eran sus protegidos.

El segundo, es que se hizo un concurso de hermosas mujeres, es decir un reinado, para sustituir a la depuesta Vasti que fue despojada de su corona por rebeldía con su marido, el rey Asuero. La elegida fue la hermosa Ester.

Y el tercero, es que hicieron una fiesta que duró seis meses, incluso hubo lo que llaman en la actualidad ‘bar abierto’ para que los invitados pudieran beber sin límites.

Volviendo a la trama que nos ocupa, Amán trazó un plan para quitar del camino a Mardoqueo, inclusó preparó un poste para colgarlo. Esta es una historia de intriga, guerra y pasión, pero todo resultó al revés y de un momento a otro cambió el curso del relato y quien resultó muerto fue el conspirador Amán.

El episodio épico, al tener una cruenta batalla de los judíos enfrentando a sus enemigos, se desarrolla en los diez cortos capítulos que trae el libro de Ester. Este preámbulo es para decir que, si alguien planea algo en contra de nosotros, tal como sucedió acá, Dios hará que ese plan maligno se devuelva en bendición.
Mucha atención, porque quien prepara una trampa para hacernos mal, en esa misma trampa caerá.

¿Qué pasó?

Miremos de manera breve lo que le pasó al organizador de la falacia. Aquí habla la reina Ester que repetimos era judía, defendiendo a su pueblo porque el rey cayó en un engaño y promulgó un decreto de muerte sobre ellos:

“Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos y exterminados. Si para siervos y siervas fuéramos vendidos, me callaría; pero nuestra muerte sería para el rey un daño irreparable. Respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester: ¿Quién es, y dónde está, el que ha ensoberbecido su corazón para hacer esto?

Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina.

Luego el rey se levantó del banquete, encendido en ira, y se fue al huerto del palacio; y se quedó Amán para suplicarle a la reina Ester por su vida; porque vio que estaba resuelto para él el mal de parte del rey.

Después el rey volvió del huerto del palacio al aposento del banquete, y Amán había caído sobre el lecho en que estaba Ester. Entonces dijo el rey: ¿Querrás también violar a la reina en mi propia casa?

Al proferir el rey esta palabra, le cubrieron el rostro a Amán. Y dijo Harbona, uno de los eunucos que servían al rey: He aquí en casa de Amán la horca de cincuenta codos de altura que hizo Amán para Mardoqueo, el cual había hablado bien por el rey.

Entonces el rey dijo: Colgadlo en ella. Así colgaron a Amán en la horca que él había hecho preparar para Mardoqueo; y se apaciguó la ira del rey”. Ester 7:4-10.

Las promesas

No debemos olvidar que tenemos promesas de protección divina. De manera que podemos decir confiadamente: “El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”. Esto lo dice la palabra del Señor en Hebreos 13:6.
“Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará”. Deuteronomio 31:6.
También hay una palabra de fe, la cual reza: “Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré”. Isaías 46:4.

También en Salmos 3:3, expresa: “Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza. El escudo protector es el que habla Efesios, en el capítulo 6. Con esto el cristiano se protege contra los dardos de fuego del enemigo.

Todo el tiempo Dios nos mantiene firmes, mientras estemos a su lado, confiados y con la seguridad que tenemos su gracia y su escudo protector.

Es necesario recordar siempre el siguiente texto: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Romanos 8:28.

No importa la situación por la que estemos pasando, lo importante es crecer en fe y ante cada inconveniente repetir de corazón: Jesús en ti confío, una y otra vez, no importa lo que demore la promesa porque siempre llegará el socorro oportuno.

¡Feliz y bendecida semana a todos los lectores de Tubarco!

Escrito por Hernando ‘Fito’ Hurtado. Maestro de doctrina cristiana.

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