Opinión

La importancia de dar un beso en el lugar correcto

El gracejo sabatino, en ‘Tocando la puerta’ 

Opinión.

De la gran cantidad mensajes que recibimos cada semana, compartimos este relato con todos los lectores de TuBarco. Seguramente le podremos sacar alguna sonrisa y puede tener un pequeño aprendizaje.

 “Mi amigo Juan Carlos, de 53 años, que hace años no veía, caminaba por la elegante Avenida Sexta de Cali con un bombón (llámase así popularmente a una hermosa mujer) de 22 añitos.

Lo encontré desprevenido y charlamos un rato, le puse rápidamente temas variados, y él estaba como tratando de evadirme. Finalmente, no tuvo más salida y me presentó a la acompañante.

–       Ella es Diana.

–       Mucho gusto, soy Alberto. Un buen amigo de Juan Carlos. ‘Juanca’ le he dicho siempre. (Nos reímos).

El diálogo entre lo divino y, lo humano, involucró a Diana quien sonreía también dejando ver su hermosa dentadura y sus labios primorosamente pintados. No se le notaban cirugías con las cuales hubiera mejorado su figura. La reparé de arriba abajo y la encontré de impecable presentación con muy finos modales.

Pero, en cuanto ella se retiró un poco, le dije al oído a Juan Carlos:

–       Oye, ¿cómo haces para conquistar y tener feliz a semejante belleza?

Mi amigo, curtido en muchas batallas de la vida, con la mayor calma me dijo:

–       Me he dado cuenta de que, para mantener una óptima y excelente relación con cualquier mujer, lo más importante es: ¡Donde le das el beso!

¿Qué, qué? Eh…Imaginé mil y una cosas. Me quedé de una pieza, muy impresionado ante tal respuesta, e inmediatamente con ansiedad total y también algo de morbo le pregunté (pensando en alguna parte especial del cuerpo):

–       Y bueno, ¿Dónde la besas tú?

Sin perder su compostura mi veterano amigo me respondió con simpleza:

–       Claro, comprendo tu extrañeza y curiosidad, peros esos besos especiales para tener feliz a esta dama, se dan en París, Londres, Madrid, Roma, New York, Los Ángeles, Las Vegas, Miami, Buenos Aires, Cancún o Dubai”.

Moraleja: A veces no nos detenemos a pensar en que todo tiene su forma y también su fondo.

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