Opinión

¿Cali, una ciudad desconfiada? 

Opinión sobre la percepción de seguridad

 

Opinión

Por:  Hernando ‘Fito’ Hurtado

 

Confiar es un verbo difícil de conjugar y llevar a la realidad en la capital vallecaucana. Es que somos desconfiados por naturaleza.

“Préstame $100.000, que la otra semana te los pago”; “te quiero solo a ti”; “este año sí nos casamos”; así como éstas hay muchas promesas incumplidas que dan desconfianza.

Por ello ya es tan difícil servir de fiador, recomendar a alguien o dejar algo en manos de otros.

¿Qué es la desconfianza? Define la Real Academia de la Lengua Española, que es una sensación o emoción negativa, que implica inseguridad sobre las acciones futuras de otra persona o cuando se debe prevenir la pérdida de una cosa.

Ya sabemos que por ejemplo los celos llevan a desconfiar de la pareja.

Es ahí cuando se buscan pistas en el celular, del comportamiento de la pareja y en el uso de sus redes sociales. No hay nada que genere más terror, especialmente en los hombres, que haber olvidado el teléfono móvil en la casa.

LA SEGURIDAD.
Los candados, chapas, cerraduras, aldabas, trancas, guayas, cajas fuertes, rejas y cercas con arco voltaico son los que generan seguridad, pero no tenerlos producen marcada desconfianza.

Una frase de los abuelos indicaba que: “seguro, mató a confianza”. “Siempre es mejor la seguridad que la Policía”, decían otros.

Justamente eran nuestros antepasados quienes empezaron buscando darles seguridad a sus haberes, como joyas, dinero, cartas y documentos, al meterlos en baldes, libros, orificios de paredes, guaduas, debajo del colchón, en bolsas e incluso tapándolos bajo tierra.

La primera bolsa de seguridad de las señoras, según la historia, fue en el corpiño o brasier, en ese reducido espacio que hay entre seno y seno. Ese era su pequeño Fuerte Knox para esconder una monedera, billetera, un pañuelo, una carta de amor o lo que se necesitara proteger y apartar de las manos ajenas.

EN LOS CALEÑOS.
Los habitantes de Cali tienen una percepción de inseguridad por los atracos callejeros a personas, a residencias o establecimientos comerciales.

Es muy común ver en la capital del Valle que los conductores de vehículos van con sus vidrios subidos y puertas debidamente aseguradas para evitar un posible asedio de delincuentes armados que marchan en motocicleta.

Según los diferentes indicadores encontrados por TUBARCO, el objeto que más se cuida actualmente es el celular en un 96%; el dinero se protege en un 89%. Los documentos, tarjetas de débito y crédito, se cuidan en ese mismo porcentaje, cambiando además con cierta frecuencia las claves para acceder a las cuentas.

ESCOLTA POLICIAL.
Se estableció que casi un 97% de las personas, a las cuales se les ofrece acompañamiento policial tras retirar gruesas sumas de dinero de las entidades bancarias, prefiere no utilizar el servicio.

Un número importante de ellos indica que no le tiene confianza a la propia Policía, cuando se trata de dinero.

 

LOS MOTOCICLISTAS.
Una de las cosas que más cuidan los motociclistas, además de la moto misma, es el casco y la habitual mochila que usan a la espalda.

 

Y es por eso, que ese incómodo objeto como lo es el casco, lo aseguran bien con candado o prefieren llevarlo consigo mientras realizan sus diligencias.

En un recorrido que hicimos por el centro de la ciudad, al frente de la tradicional iglesia La Merced, encontramos un caso peculiar, y es que uno de aquellos cascos estaba amarrado a la ventana de una casa antigua con cuerda de acero y candado.

 

Eso nos llamó la atención por el grado de desconfianza del propietario de ese elemento de protección para la cabeza.

Comenta aquí