Opinión

Una exclusiva gracia que entrega el Señor

La Armadura de Dios que nos bendice


OPINIÓN/ Hernando ‘Fito’ Hurtado

Maestro de doctrina cristiana

Cuando recién nacemos, tenemos con nosotros la gracia de Dios, la cual se conserva durante la niñez.
Por eso a un niño nada le preocupa o lo perturba, a pesar de que tenga carencias o necesidades y disfruta de una paz completa.

En la vida adulta, el ser humano se empieza a alejar de Dios y es ahí cuando vienen los problemas y las opresiones del enemigo que se reflejan en una situación financiera, judicial, familiar, depresión, ansiedad o cualquier otro trastorno o enfermedad.

Es necesario padecer todo aquello para acercarnos otra vez al Padre Eterno y salir en victoria. A eso es a lo que se llama conversión. Regresar al camino en el que estuvimos alguna vez.

A los pies de Cristo llegamos con amor o con dolor. La mayoría de los casos es en este último escenario.
Cuando buscamos esa paz que nos ha sido esquiva, la hallamos en Jesucristo.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”; dice Mateo 11:28-29.

La palabra expresa que todo aquel que se acerca al Señor tendrá alivio en todos los problemas. ¿Todos? Sí todos los problemas, porque lo que se ve como imposible, sólo puede resolverse yendo al trono de su gracia.
“porque nada hay imposible para Dios”, dice Lucas 1:37.

Jesús ha tenido un doble papel en lo humano, sin pecado y también en lo divino, siendo el mismo Dios, por eso se lee en la biblia:
“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos 4:15-16.

EL QUE ENDEREZA LO TORCIDO.
“Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos; y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre”. (Isaías 45:2-3).

Él hace posible lo que ante nuestros ojos es imposible. Dios nos dice que irá delante de nosotros abriendo las puertas que se nos han cerrado, enderezando nuestros caminos. Él es nuestro mejor escudero, compañero, consejero, Padre y amigo. Si alguna situación no hemos podido enderezar, es necesario buscar su gran ayuda.

“Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca, jamás será avergonzado. Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones”. Joel 2:27-28.

En cualquier lugar del mundo, bien sea Israel, el pueblo escogido por Dios, Cali o el resto de Colombia es válida esta palabra. Jehová, dice que derramará bendición a través de su santo Espíritu.

LA ÚNICA ESPERANZA.
Cuando sintamos que ya no hay esperanza, que todo se ha derrumbado, que no hay solución y que ya hemos hecho hasta lo imposible “según nosotros”, en nuestras débiles fuerzas, pidamos a Dios con verdadera Fe, que derrame su Espíritu.

Que sea Él a través de nosotros dando los pasos que tengamos que dar, con sabiduría, que nos bendiga y nos llene de su poder; para encontrar las soluciones y el camino a seguir.

El único requisito es creer que verdaderamente recibiremos lo que pedimos y sobre lo cual aplica perfectamente el siguiente silogismo: “si Dios lo dice, yo lo creo, si yo lo creo, Él lo hace; si Él lo hace, hecho está y se tiene que ver”.

EL VERDADERO AYUDADOR.
Hay que poner pues la confianza plena en nuestro ayudador para que aparezcan las personas adecuadas, que son los llamados ángeles para satisfacer esas necesidades.

Muchas veces Dios nos dará la mano de la forma menos pensada, pero siempre estará ahí para ayudarnos. Otras veces el camino y las decisiones que tomamos no son las convenientes, por eso Dios nos cierra esas puertas para abrirnos otras. Confiemos en el Señor dejémonos sorprender por Él, y nos ocurrirán cosas extraordinarias que nos quedaremos extasiados de las maravillas y del poder de Dios.

Para Dios NADA, pero NADA es imposible, así pues, entreguemos nuestras cargas y pidamos que nos acompañe en nuestro andar. Dejemos que el Poder de Dios se manifieste en nuestras vidas en todo momento, no solo en las dificultades, sino cuando hayamos conseguido sus favores y haya gozo en nosotros.

Feliz y bendecida semana a todos los lectores de Tubarco.

 

 

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