Opinión

Armadura de Dios: Una auténtica confianza en su poder

Creer en Dios pero no creerle a Dios es el problema


Por: Hernando ‘Fito’ Hurtado.
Maestro de doctrina cristiana
OPINIÓN

El ser humano siempre confía en personas, en hechos, en el dinero, incluso en lo que llama el mundo ‘la suerte’. A este mismo ser humano le resulta muy difícil dejar todo en manos de Dios.

Ya hemos escuchado la frase: “yo creo en Dios” y puede ser cierto, la gran diferencia es que “no le cree a Dios”.

Todo esto pasa porque nos creemos autosuficientes y la falta de fe hace que queramos resolver todo a nuestra manera y a la forma natural de entendimiento. Es decir que apelamos a nuestras propias y limitadas fuerzas.

El Señor desea que pongamos todas las situaciones en sus manos y que dependamos integralmente de Él.

Lo anterior no significa que nos vamos al extremo opuesto y la vamos a pasar acostados, sin trabajar, ni hacer algo más que vagar; sin recibir el sol o bañarse. No se trata de nada eso. Simplemente es incluir a Jesucristo como una forma de vida, sin religiosidad, sino atendiendo a sus estatutos y mandatos, añadiéndolo a nuestro sentir y que sea nuestro gran amigo. De esa manera llegará el Espíritu Santo que nos dará el poder para movernos en sabiduría en cada momento. Orar, ayunar y leer la biblia, ayudan a fortalecer esa alianza con nuestro ser superior y hacer crecer la fe. Justamente a eso es que se llama confiar.

EL CELO DIVINO.
“Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová”. Jeremías 17:5.

A Dios le agrada que sepamos y experimentemos que Él es el único Dios, al único digno de honra y respeto. Él es amor, pero es celoso con sus hijos.

“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”. Éxodo 20:4-5.

Todo esto quiere decir que en la vida del cristiano no debe haber más que la presencia del Todopoderoso. Ni imágenes, ni cosas o personas que traigan idolatría.

Por ejemplo, hay personas que idolatran a su pareja, a su mamá, su papá o a un hijo; no significa que no debamos amarlos. Simplemente el amor a Dios debe estar por encima de todos ellos.

Otro ejemplo es que hayamos puesto como ídolos a un perro, un gato, un carro, la casa, un reloj o una prenda de vestir. Muchas veces tenemos amor por un vicio, llámese juego de azar, mujeres, dinero, droga o un apego a algo material. Nada de eso es agradable para Él.

LOS ÁNGELES AYUDADORES.
Ya cuando hemos decidido que necesitamos ayuda, recibiendo a Dios y a su hijo Jesucristo; seguramente llegarán las personas adecuadas para darnos la ayuda idónea. Esta mano puede ser gente del común, personas cercanas o seres espirituales, porque Dios tiene formas muy particulares de moverse para suplir nuestras necesidades.

“Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; Pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían” . Salmos 2:12.

LA DOCTRINA DE CONFIAR.

Confiar o tener fe, resulta difícil, pero el Señor nos capacita, lo cual está contenido en esta lectura.

“¡Oh, cuán amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido; porque he guardado tus mandamientos; de todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Mas que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Juré y ratifique que guardaré tus justos juicios. Afligido estoy en gran manera; vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra. Te ruego, oh Jehová, que te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca, y me enseñes tus juicios. Mi vida está de continuo en peligro, mas no me he olvidado de tu ley. Me pusieron lazo los impíos, pero yo no me desvié de tus mandamientos. Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón. Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos de continuo, hasta el fin”. Salmos 119:97-112. Pase lo que pase, el Padre Eterno estará siempre con nosotros para darnos la victoria.

UN PADRE CERCANO.
El Señor no desprecia a nadie. Quien más ha pecado es a quien más da su amor en perdonar. Lo importante es acercarse a Él y apartarse del pecado para que llegue su gracia y misericordia.

A los pies de Jesús casi siempre llegamos los más necesitados y el Señor nos recibe amorosamente. Él vino a la tierra a traer perdón y medicina a los enfermos.

“Por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Filipenses 1:5-6.

Cuando nos entregamos a Dios, Él nos conduce en sus brazos de amor, a través de su Palabra, que está en la Biblia, hacia el equilibrio en las tres áreas del ser humano: espíritu, alma y cuerpo.

El Dios cercano, el que nos hizo y nos formó, cada día nos abraza, y nos ofrece un manantial de Gracia, como regalo de amor.

Esto significa que podemos depositar en Él toda la confianza. Podemos pedir victorias; que no lleguen las derrotas; se agrada con nuestras alegrías; es refugio en las tristezas y fracasos; con Él sentimos que los éxitos se repiten.

Esto es lo que los seres humanos buscamos.

Cada día confiamos más en el Señor, poderoso en bendiciones.

La invitación es que ese problema, esa dificultad, esa enfermedad y cualquier otra cosa la llevemos hasta el trono de su gracia.

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos 4:16.

No nos debemos olvidar que la solución está en Cristo Jesús. Haga la prueba, amigo, amiga, dese la oportunidad que el Señor entre a su vida y la gobierne. Ábrale las puertas de su corazón. Seguramente no se va a arrepentir.

Feliz y bendecida semana a quienes leen TuBarco.

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