Opinión

No insistamos en el pecado

El pecado del hombre el tropiezo de su relación con Dios


Por Hernando ‘Fito’ Hurtado
Maestro de doctrina cristiana

El ser humano tiene un solo gran problema para su relación con Dios. Ese tropiezo es el pecado. Dice la biblia en varios versículos, que los pecados ciertamente nos apartan de su gracia.

Y dice también que debemos estar en santidad; pero aquella santidad no es como la que conoce el mundo, haciendo el papel mojigato de santurrones.

El Señor nos pide que seamos obedientes a sus mandatos con un corazón limpio, despojados de toda malicia en el hablar y en la forma de actuar, sabiendo que somos imperfectos.

Ante todo, como fundamento de la doctrina está la obediencia y sintiendo que estamos haciendo lo correcto; no hay que insistir en pecar o convertirnos en profesionales del pecado.

Leamos el siguiente pasaje:
“Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor”. Juan 5:14.

Podemos examinar con lo anterior, que la actitud deliberante de estar en pecado trae consigo maldición.

Pero bien, dicho esto, tradicionalmente hemos pronunciado la oración del Padre Nuestro, en cuyos apartes dice: “Venga a nosotros tu reino. Haz tu voluntad”.

Significa que pedimos ayuda a nuestro ser superior, pero que únicamente obrará a nuestro favor si dejamos de pecar y pecar, insistiendo en ese comportamiento.

REZAR Y SEGUIR PECANDO. 
Muchos cristianos perseveran en la oración, en la palabra y también en el pecado.

Ya hemos oído la frase popular que aquel que peca y reza, empata.

Es decir que nada le pasa. Hay que decir que no es así amigos lectores de Tubarco.

Quien peca, trae las consecuencias de esa conducta a su vida, sin importar si se pela las rodillas orando o rezando.

No va a pasar de tener los mismos problemas de siempre.

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”. Se lee en 1 Timoteo 1:15-17.

Jesucristo es el único que perdona los pecados.
“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra”, Isaías 1:18-19.

EL ACTA DE LOS DECRETOS.
Jesús, con su muerte en la cruz y su posterior resurrección, en lo espiritual, anuló el acta de los decretos que nos era contraria.

Expresa la palabra: “Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”. Colosenses 2:14.

Pero ¿quién ha dictado esos decretos? La respuesta es satanás, porque a través del pecado tiene el derecho legal de atormentarnos; pero cuando dejamos de pecar el diablo tiene que irse. Así funciona esto en el mundo espiritual.

Ahora, cuando hemos sido perdonados, es posible que cometamos errores, pero no sigamos siendo practicantes del mal.

La recomendación es que no andemos cerca del pecado, sino al contrario alejarnos de él.

EL CAMBIO QUE DEBE VENIR.
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

En estos versículos de Efesios 4:22-32, está la base de nuestro nuevo comportamiento.

EL VEHÍCULO PARA PECAR.
El vehículo propicio para el pecado es el cuerpo físico. De antemano hay que precisar que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo.

“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. Romanos 6: 12 al 14.

“El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina”. Proverbios 29:1

Finalmente se reseña que con el pecado los dones de Dios quedan inactivos y la oración resulta inocua.

La invitación de esta prédica escrita es que reflexionemos y no insistamos o perseveremos en el pecado, porque no importa lo mucho que oremos, eso igual no va a servir para nada si desobedece míos los estatutos y mandatos de Jehová, el Yo Soy, nombre original de Dios Eterno.

¡Feliz y bendecida semana para los lectores de Tubarco!

 

 

 

 

 

 

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