Opinión

Actitud para el año venidero

La Armadura de Dios para recibir bien el 2019

 

F.H./OPINIÓN.

 

Cada que cambia el año a uno nuevo, deben hacerse balances; lo hacen las empresas, los negocios pequeños y grandes. Lo deben hacer igualmente las personas.

De esta misma manera el cristiano, llámese también católico, debe mirar a su interior y hacer un examen propio de las cosas que hizo, dejó de hacer o las fallas que tuvo.

 

Hay que poner el ojo primeramente en el Todopoderoso y luego en la pareja, en la salud propia, en la familia, en los hijos, en el empleo, en los negocios, en la forma cómo nos estamos relacionando con los demás.

Resulta muy importante hacer esa ‘auditoría’ a todas las áreas.

Es necesario llegar a esa reingeniería personal al conocerse a sí mismo. Cada que llega un nuevo año, todos nosotros hacemos planes.

Decimos lo que vamos a hacer, pero no lo hacemos porque nos cansamos al poco tiempo.

Es decir que formulamos una serie de propósitos que empezamos y nunca terminamos.

Es cuando dejamos a medias la lectura de un libro, nos inscribimos en un gimnasio, una academia, una escuela, y vamos apenas a las primeras clases. Es indispensable señalar que los propósitos que nos trazamos empiezan fracasando por nuestro propio desánimo y también por la mala administración del tiempo.

Las excusas sobran, también los argumentos: “es que no me queda tiempo”, “es que…es que…”. Y así nos pasamos toda la vida.

HAY TIEMPO PARA TODO.

Eclesiastés 3 del 1 al 8, dice que para todo hay tiempo: “Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar; un tiempo para destruir, y un tiempo para construir. Un tiempo para llorar, y un tiempo para reír;

un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gusto; un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas; un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse.

Un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir; un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar; un tiempo para rasgar, y un tiempo para coser; un tiempo para callar, y un tiempo para hablar. Un tiempo para amar, y un tiempo para odiar;

un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz”.

El día tiene 24 horas y deben alcanzarnos para hacer todo lo importante y valioso. Hay que planificar muy bien lo que haremos en cada jornada.

LO PASADO, ES PASADO.
La primera cosa que debemos hacer es olvidar lo que quedó atrás porque eso ya no volverá.

“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”, dice en Isaías 43:18-19.

Esta es una clave fundamental. No vivir de recuerdos o de glorias anteriores. Claro que no olvidemos pagar las deudas viejas.

Es mejor hacerlo con prontitud para que el pasado no entorpezca nuestro presente y futuro.

LA TRANSFORMACIÓN.
Para hacer cambios y soñar, es necesario no perder de vista aquello que debemos cambiar, cómo lo debemos cambiar y cuándo cumplir.

Entonces aquí hay tres cosas que son: el qué, el cómo y el cuándo en materia de tiempo. Este último aspecto es importante porque muchas personas se dedican a hacer algo y demoran toda la vida.

“Voy a dejar de tomar licor”, es uno de aquellos ejemplos, pero se sabe ni cuándo, ni cómo. Esa era sencillamente una promesa que no tenía un plan para cumplirla, porque era apenas un enunciado de palabra sin acción, donde media la voluntad.

“Este año sí voy a dejar de fumar”, “este año sí voy a bajar de peso”; “este año sí voy a viajar”; este año sí me ajuicio”.

Todas las anteriores son una cantidad de promesas huecas, porque no hay un plan para cumplirlas en las que debe mediar la disciplina y el dominio propio.

LO QUE DICE LA BIBLIA.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. Está Romanos 12:2-3.

Recordemos algo sencillo pero muy básico, con el pasado, nada podemos hacer; el futuro no se sabe si vendrá.

Entonces hay que vivir el ya, el hoy y el ahora. Por eso ahora mismo debemos cambiar los errores cometidos y establecer una nueva vida.

Para quienes no leen la biblia, que es el manual de vida, hay que traer a esta prédica escrita un disco del mundo que suena mucho por estos días y que dice claramente:  “año nuevo, vida nueva más alegres los días serán… “, lo cantamos y hasta lo bailamos, pero no interiorizarnos.

UN CAMBIO NECESARIO. 
Es necesario reiterar que debemos cambiar lo que hacemos. Si en algo o en todo nos está yendo mal el remedio es modificar las cosas.

Ya sabemos la frase: “el que hace lo mismo, siempre verá los mismos resultados”.

El consejo para el cambio de año nuevo es cortar con nuestras costumbres en las que no vemos progreso y edificar las vidas con asuntos nuevas.

Cada uno examinará lo que debe cambiar y que no sea apenas la emoción y la euforia de estos días.

Cambiar es hoy y ahora. Mañana puede ser demasiado tarde, o nunca llegar.

Si usted amable lector quiere tener éxito en sus nuevas maneras de vivir, le dejamos esta palabra para que medite en ella:
“Buscad a Dios mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”, expresa el texto de Isaías 55:6.
Un feliz y bendecido 2019 para todos. Que la paz y la prosperidad del Señor llegue a sus hogares con bendiciones abundantes.

Seguramente Jehová, Dios abrirá nuevas puertas que nadie podrá cerrar y llegará la nueva vida.

Si desea verdaderamente ver cosas nuevas, haga la siguiente oración en silencio:

“Señor Jesús, reconozco que te he fallado y por eso te pido perdón. Me aparto y me arrepiento de toda mi maldad. Te pido que me perdones.

Te abro las puertas de mi corazón para que entres en él y empieces a gobernarme y a regir mi vida para que hagas de mí la persona que tú quieres que yo sea.

A partir de ahora te recibo como mi Señor y Salvador personal. Escribe ni nombre en el libro de la vida para cuando tu me llames yo te pueda responder. Recibo tu perdón, tu amor y regalo de la vida Eterna. Amén.

Ahora ya con esta declaración nos apartamos de lo malo porque desde este instante somos hijos de Dios.

Deseo a todos los lectores de TuBarco una verdadera felicidad y gozo en Jesucristo en este 2019 que llega en pocas horas.

 

 

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