La moda y parte de la vida del Cali viejo


Hoy en TUBARCO Retro, las costumbres caleñas.

 

 

En la novela el Alférez Real, de Eustaquio Palacios, cuenta la vida de Cali en la centuria de los años 1800 a 1900 y un poco más. Relata también algo de sus costumbres.

 

 

Era una ciudad, de las más antiguas de América, llena de mangones, sin calles, los pocos caminos eran empedrados, pero con los vientos muy frescos de Los Farallones, que vienen de la Cordillera Occidental. La temperatura no era tan alta, ni las lluvias tan intensas, como por estos días de 2018.

 

 

Se levantó la urbe como una pequeña villa cercana al río tutelar, el río Cali y a su alrededor estaban grandes las grandes haciendas paneleras con esclavos negros y diversos cultivos.

 

 

 

 

La ciudad fue bautizada con un nombre compuesto a la usanza española. Por eso llama Santiago de Cali; Santiago es uno de los nombres más difundidos en honor al apóstol Santiago.

 

 

Lo de Cali, puede tener varios orígenes. Puede provenir del idioma paez, Caly, que es un tejido hecho a mano sin agujas.

 

 

También es posible que fueron indígenas aztecas al servicio de los conquistadores, entre ellos Sebastián de Belalcázar; quienes dieron el nombre a Cali, del Náhuatl Calli (que significa casa). La más probable es la salida de la lengua paez.

 

 

Economía agrícola

 

 

La ciudad, de apenas 6.000 habitantes, de lo que cuenta Palacios en su libro, empezó crecer a ritmo lento, con una economía basada en la agricultura y la ganadería.

 

 

El transporte era a lomo de bestia; los carruajes eran movidos con caballos; luego irrumpió la bicicleta; de último los coches a gasolina, que no tenían motor de arranque. Se prendían mediante una manivela.

 

 

La costumbre era comer casi siete veces al día; a las cinco de la mañana se tomaba un trago de café, agua de panela o chocolate. A las 7 un desayuno formal con carne, pan o arepa; luego estaban las llamadas medias nueve, con fruta, jugo o un pastelillo; posteriormente a las 11 se servía el almuerzo.

 

 

En la tarde a las 3; en la mesa estaba servido el llamado algo (era de verdad muy frugal y ligero para masticar como pan, té o café); a las cinco, la comida; luego a las ocho de la noche venía la cena. Y ahora sí a dormir.

 

 

La vestimenta

 

 

Luego de la colonia, la vestimenta común de los caleños, quienes tenían la disposición económica de hacerlo; era con vestido de paño inglés, sombrero igualmente de paño, se destacan los de la marca ‘borsalino’, los más costosos del mercado.

 

 

Tampoco faltaban los chalecos, los corbatines, las calzonarias o cargaderas; los pantalones de los señores con guardapolvo (era un doblez en la bota del pantalón) y los prenses. Se usaban los pantalones más arriba de la cadera, amarados con su respectiva correa de cuero (que se llamó por un tiempo el psicólogo en la cintura, por usada para corregir a los hijos).

 

 

Las damas se presentaban con sus faldas largas y ajustadas a la cintura, muchas usaban el corsé que apretaba el talle; porque no existían los gimnasios, ni las cirugías estéticas, pero lucían unos cuerpos espectaculares.

 

 

La cabeza raramente la llevaban cubierta las mujeres, algunas veces con sombreros; pero era infaltable en la misa un manto, para taparse el rostro y la cabeza en señal de respeto. Esa era la costumbre.

 

 

La moda de la Bota Campana

 

 

En los años 60, el ritmo revolucionario del grupo inglés de The Beatles, invadió a Cali. Fue así, que vinieron las modas Go-Go y Ye-Ye, con el cabello largo para los señores, con peinados de patillas salidas de lo normal, tapando las orejas; las mujeres se pusieron las minifaldas, con medias largas de colores y el cabello corto.

 

 

A mediados de esa década surgió el novedoso pantalón hecho de una tela plástica llamada ‘Terlenka’, bota de campana, muy ancha al finalizar la prenda al lado de los estrafalarios zapatos de plataforma; que eran tan altos e incómodos que parecían una caja de embolar calzado.

 

 

 

Fueron esos pantalones acampanados, cuya tela sobrante daba vuelo acariciando el aire, cuando se bailaba salsa; otro de los ritmos y expresiones musicales que empezaron a tomarse la cultura caleña. Aparecieron aquí los bailarines profesionales de salsa y también los locutores y animadores especializados, cuyo relato, merece un capítulo aparte.

 

 

Antes de eso había música de cuerda e instrumental; también letras de pasillos, cumbias, guarachas y porros de ‘Lucho’ Bermúdez; en cuya época le hizo un homenaje al desaparecido Club San Fernando.

 

 

 

La década de los 70

 

 

Empezando la década de los 70 las damas usaron los llamados ‘slack’, que eran los pantalones de ellas; tras esto vinieron los jeans; y el short, pantalón corto.

 

 

En algún tiempo se usó en aquellas prendas el pantalón de estribo, que era hecho de una tela elástica, con un añadido se metía debajo de la planta del pie para dejar ver de mejor manera las formas de las piernas.

 

 

A partir de los Juegos Panamericanos de julio de1971; Cali cambió de manera estrepitosa, creció a pasos agigantados. Claro que vino un mayor progreso y consigo también vinieron los problemas de la una ciudad que no fue planificada y creció a golpe de invasiones.

 

 

Con dificultades y todo, Cali sigue conservando el título de la Sucursal del Cielo, un estatus que ha costado el esfuerzo de muchas generaciones, con hombres y mujeres notables, que han hecho parte de nuestra historia.

 

 

(*) Fotos de colección privada: Cortesía de la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero.
(*) Otras cortesías de fotos: www.jaimephotos.com y Salpicón Cultural

 


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