La fama y drama del vate José Asunción Silva


El poeta suicida más importante del siglo XIX.

 

Esta semana se cumplieron 122 años del suicidio del vate colombiano José Asunción Silva Gómez.

 

Se denomina como vate a los poetas de la categoría de este colombiano que decidió acabar con su vida sumido en la más profunda miseria cuando apenas tenía 30 años.

 

Silva nació en Bogotá, el  27 de noviembre de 1865 y decidió poner fin a sus días el 23 de mayo de 1896.

 

Fue uno de los más importantes precursores del modernismo y, está catalogado como de los más importantes escritores de la primera generación de modernistas hispanoamericanos.

 

Esta tendencia literaria alcanzó su culminación en la gran obra se su colega nicaragüense Rubén Darío.

 

Se le recuerda a Silva por su obra destacada: El libro de versos.

 

Se auto eliminó de un tiro en el corazón con un revólver Smith & Wesson.

 

Lo hizo acosado por la escasez de dinero, entre otras causas que lo intranquilizaban, como la muerte sentida de su hermana Elvira.

 

Una carta del escritor Emilio Cuervo Márquez describe cómo él constata que Silva gastó sus últimos centavos en la compra de un ramo de flores para su hermana, con un cheque girado el mismo día que se quitó la vida.​

 

Su personalidad

 

Estaba dotado de una gran sensibilidad humana y artística y de una notable inteligencia.

 

Tuvo una formación literaria precoz, resultado de un ambiente familiar cultivado y creativo.

 

 José Asunción Silva era hijo del escritor costumbrista y acomodado comerciante Ricardo Silva.

 

Era un hombre elegante, de refinado gusto y descendiente de aristocráticos granadinos, pariente del general Francisco de Paula Santander.

 

Su mamá, doña Vicenta Gómez, hermosa, elegante, dama bogotana que era hija del diputado Vicente Antonio Gómez Restrepo.

 

Él  desempeñó importantes labores en los primeros años de la República de la Nueva Granada.

 

De los hijos del matrimonio Silva-Gómez sólo llegaron a edad adulta José Asunción, Elvira y Julia.

 

 

Fallecieron en la infancia Alfonso, Inés y Guillermo. Esta pronta relación con la muerte marcaría premonitoriamente la vida del poeta.

 

A los dos años de edad, era un niño genio, tenía fama de prodigio en Bogotá.

 

A esa edad ya sabía leer, escribir e incluso pintar.

 

Algo que sin duda marcó su infancia y juventud fueron las tertulias literarias que su padre organizaba.

 

Se cumplían en la casona del barrio de La Catedral, o en el almacén de venta de objetos suntuosos.

 

A estas tertulias asistían personajes de la talla de: José Manuel Marroquín, José María Vergara y Vergara.

 

También Salvador Camacho Roldán, Ricardo Carrasquilla y José David Guarín.

 

Igualmente Rufino José Cuervo, el autor de la novela María, don Jorge Isaacs; Francisco Javier Zaldúa y Teodoro Valenzuela.

 

Fue la relación con Rafael Pombo y el propio Jorge Isaacs unas de las más duraderas, fecundas y cercanas.

 

La crisis de los Silva

 

La vida apacible de esos años dio un vuelco para los Silva: la situación económica de la familia, aunque aún holgada, fue golpeada.

 

Primero por las drásticas medidas del gobierno radical y, después, por la pérdida de buena parte de la herencia de don Ricardo Silva.

 

Sucedió debido a los pleitos con sus primos Suárez Fortoul.

 

1891 fue uno de los años más terribles en la vida del poeta: el 6 de enero de ese año su hermana Elvira se enfermó de neumonía.

 

Falleció cinco días más tarde.

 

Fue un golpe certero del cual José Asunción nunca más se recuperó, debido al amor profundo que sentía por su familiar cercano.

 

Desespero rumbo a la muerte

 

Por varios días, José Asunción Silva no pudo levantarse de la cama.

 

Cuando por fin volvió a sus negocios, llegaron a cobrarle lo que costó el entierro.

 

En ese entonces,  no tenía en caja ni los seiscientos pesos de la deuda.

 

La situación fue de tal manera que hasta los miembros de su familia llegaron a humillarlo.

 

Doña Vicenta le atribuía la ruina a la afición de Silva por escribir versos, algo que no le generaba dinero.

 

Se acumularon más de 50 acciones civiles judiciales en su contra, por deudas no pagadas.

 

 

Todos los bienes, sin exceptuar las joyas de su madre ni los muebles de su casa y otros enseres, acabaron en manos de los ávidos acreedores.

 

En la noche del 23 de mayo de 1896, tras una velada íntima, José Asunción Silva se retiró a su habitación.

 

A la mañana siguiente fue hallado muerto sobre su cama.

 

El poeta se suicidó de un tiro en el corazón.

 

Al lado del cadáver estaba el arma con el que pudo marcharse a la eternidad, para darle libertad al cuerpo terrenal que le estorbaba.

 

Se cuenta que le había preguntado a un médico amigo la localización exacta del corazón.

 

Esto, dicen, para acertar en su loca idea de huír de este mundo.

 

Fue enterrado en Bogotá, en el cementerio destinado a los suicidas.


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