Los juegos infantiles que quedaron en el baúl de los recuerdos


Hoy, en TUBARCO ‘Retro’, la nostalgia de juegos de niños.

 

Las épocas han cambiado muchísimo porque la sociedad también lo ha hecho; y por ende las costumbres de las familias.

 

Los niños salían a la calle a encontrarse con sus amigos o ‘mompas’ para jugar para compartir. (Ahora ese mismo término de ‘mompa’, para designar a un compañero, ha mutado, entre otros, al famoso ‘parce’ importado de jerga paisa).

 

También han cambiado a: ‘mi sangre’, ‘pana’, ‘mi firma’ y muchos más salidos de los afros. Pero aparte del lenguaje oral, de la misma forma, la lúdica tuvo una gran transformación.

 

Los muchachos de antes jugaban fútbol, en sus diferentes variaciones como el mete-gol; que consistía en que todos corrían tras la pelota y tapaba el que lograba anotar en la portería.

Juegos callejeros

 

Los menores salían a la calle hasta descalzos; no había tanto peligro, iban a los parques, a las esquinas. Tal vez no existía tanta maldad, como la droga y la delincuencia. El ambiente era más sano.

 

 Los infantes compartían de verdad; pero desde hace un buen tiempo quedaron en poder del televisor y son mucho más solitarios. Algunos están completamente solos; a cargo de una niñera o una empleada del servicio porque los padres trabajan o están separados.

 

En el tiempo de antes; fuera de lo esencialmente deportivo, estaban: los cojines de guerra (que con solo tocarlo le daban la libertad a un presunto prisionero o prisioneros, al cual cuidaban celosamente).

 

También estaban: La lleva, la ‘gallinita ciega’, el congelado o estatua, la rueda rueda y las escondidas (con beso o sin beso, si se jugaba con niñas).

 

Jugar al papá y la mamá era usual; o a policías y ladrones; que era una de las variaciones del cojín de guerra.

 

La famosa rayuela, llamada así en el Valle del Cauca, logró nombres diferentes según la región del país: ‘pata coja’, ‘reina mora’ y ‘golosa’ (en Bogotá).

 

Primero se pintaba con tiza varios cuadros en suelo que llevaban números: uno,  dos, tres, hasta el  cinco iban en la misma línea; pero con su propio cuadrado, seguían seis, siete y ocho, que se hacían igual que el 4 y 5, seguían el nueve y por último el cielo o llegada.

Este juego requería jugadores con buen equilibrio. Deberían saltar con una sola pierna y donde estén los dos cuadrados o casilleros juntos podrán apoyar sus dos piernas, una en cada cuadrado.

La forma de copar los cuadros era arrojando una piedra o tapa de gaseosa progresivamente hasta llegar al cielo, empezando por el uno.

 

A propósito, las tapas de gaseosa o ‘chapitas’ tenían su encanto para usarlas en juego; también las bolas de vidrio (para jugar haciendo pequeños huecos en la tierra; a la vuelta a Colombia o al hoyo).

 

 Tampoco se puede olvidar el trompo y el ‘yo-yo’. De este último se puede decir que mejor era el de marca Rusell, patrocinado por Coca-Cola. Muchos de los muchachos de ese entonces lo querían tener.

 

El jazz que jugaban las niñas con una pequeña pelota unas fichas hechas de plástico. Ellas semejaban la unión de dos crucetas de bajar las llantas de los carros. La apuesta era coger la mayor cantidad de esas fichas y el tiempo para hacerlo era el mismo que demoraba la pelota en rebotar una sola vez.

 

Las otras que eran pilatunas ingenuas, una de ellas se conoce como el ‘tin tin corre-corre’; que era la costumbre de ir a tocar el timbre de una casa vecina y salir a correr, la gracia era esperar a ver cómo alguien abría la puerta inútilmente.

 

Juegos de mesa y muñecos

 

Luego vinieron los juegos de mesa, como: parqués, dados, dominó, damas chinas, lotería, bingo, el monopolio (o hágase rico); la escalera, el naipe español y otros tantos. El más sofisticado era el ajedrez, que no ha pasado de moda; pero es mucho menos utilizado tal vez por tener aire de intelectualidad.

 

Luego vinieron los cubos de armar figuras, los llamado Lego. Hay que hablar también de los carritos, primero mecánicos, luego de pilas y a control remoto.

 

Paralelamente trajeron las muñecas para ser admiradas con simpleza; después llegaron  las que hablaban, lloraban y hacían carantoñas; por supuesto toda la línea de la marca Mattel; entre ellos la Barbie, con el mismísimo Kent y todos sus accesorios incluidos.

 

Por supuesto no faltaron las réplicas de los súper héroes: Batman y Robin, El hombre increíble, Linterna verde, Flash, Superman, las tortugas ninja y los horrendos muñecos que recordaban a los dinosaurios.

 

Llegó la tecnología

 

Todos esos juegos en que se sudaba al correr y poner a funcionar la habilidad física; existían para aprender, distraerse y compartir, quedaron desplazados para usar apenas un par de los dedos de las manos.

 

La razón es que llegaron: el Atari, el Packman (comegalleta), el Wii, Playstation, Mario Broos,  Xbox, y todas aquellas consolas de juegos electrónicos que pusieron a los muchachos enmudecidos al frente de una pantalla, a los que pueden acceder directamente al tener en una tableta o un Smartphone.

 

Algunos de esos niños, ni siquiera saben leer o escribir, pero tienen la hábil manera de jugar en esos dispositivos. Casi nadie sabe cómo es que lo logran.

 

 

Conocemos varios casos en los que los niños de una pareja separada; quedan a cargo de los abuelos y ellos para distraerlos a cada uno le entregan una tableta o un celular para tenerlos quietos. Allí en ese pequeño rectángulo juegan y no piensan en nada más.

 

Se fueron los juegos de antes, con sus familias y costumbres; para dar paso a la avasallante tecnología y la nueva cultura. Por supuesto que en este escrito han podido quedar por fuera algunos entretenimiento que los lectores recuerdan.

 

Para eso es ‘TUBARCO Retro’; un viaje a la nostalgia; un recorrido a aquellos recuerdos que se niegan a desaparecer.


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