Los dos mejores amigos


El mensaje de hoy en Tocando la puerta.

 

Hubo una vez dos mejores amigos. Ellos eran inseparables, eran una sola alma.

 

Por alguna razón se enemistaron y sus caminos tomaron dos rumbos distintos; se separaron de tal manera que no volvieron a verse.

 

Uno de ellos (Mario), cuenta lo que pasó con Nelson: “Yo nunca volví a saber de mi amigo hasta el día de ayer, después de 15 años, que caminando por la calle me encontré a su madre.

 

La saludé y le pregunté por mi amigo Nelson. En ese momento sus ojos se llenaron de lágrimas y me miró fijamente, diciendo:

 

-Murió ayer…. No supe qué decir, ella me seguía mirando y pregunté cómo había muerto. Ella me dijo que la acompañara a su casa. Al llegar allí me ofreció sentarme en la sala vieja. Recordé ese sitio donde pasé gran parte de mi vida, siempre jugábamos allí mi amigo y yo”.

 

Me senté y ella comenzó a contarme la triste historia. Hace tres años le diagnosticaron una rara enfermedad, y su cura consistía en recibir cada mes una transfusión de sangre durante 3 meses, pero ¿recuerdas que su sangre era muy rara?

 

Dijo Mario:- sí, lo sé, igual que la mía.

Estuvimos buscando donadores y al fin encontramos a un hombre sucio y vagabundo.

 

Tu amigo, como te acordarás, era muy testarudo y no quiso recibir la sangre del vagabundo.

 

Él decía que de la única persona que recibiría sangre sería de ti, pero no quiso que te buscáramos.

 

 

Él decía todas las noches: no lo busquen, estoy seguro que mañana sí vendrá.

 

 

Así pasaron los meses, y todas las noches se sentaba en esa misma silla donde ahora estás tú sentado; y oraba para que te acordaras de él y vinieras a la mañana siguiente.

 

 

Así acabó su vida y la última noche, la pasó muy mal, y sonriendo me dijo:

 

 

-Madre mía, yo sé que pronto mi amigo vendrá, pregúntale por qué tardó tanto y dale esa nota que está en mi cajón.
La señora se levantó, regresó y me entregó la nota que decía: “Amigo mío, sabía que vendrías; tardaste un poco pero no importa, lo importante es que por fin viniste.

 

 

Ahora te estoy esperando en otro sitio. Ojalá que tardes en llegar, pero mientras tanto quiero decirte que todas las noches oraré por ti y desde el cielo te estaré cuidando mi querido mejor amigo.

 

¡Ah, por cierto, ¿te acuerdas por qué nos distanciamos? sí, fue porque no te quise prestar mi pelota nueva, jajajaja… ¡Qué tiempos!. Éramos insoportables, bueno pues quiero decirte que te la regalo y espero que te guste mucho.

 

 

Te quiere mucho: tu amigo por siempre.

 

 

Moraleja: Jamás dejemos que el orgullo y la soberbia le gane al amor y a la amistad.

 

 


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