Todo tiene un comienzo


La vida en una granja era de paz, de armonía.

 

 y había lo normal que hay en los establos: una gallina, una vaca, un marrano, un chivo.
También apareció una culebra y un ratón.
Una mañana de domingo, al ratón le dio por aparecer en la alacena de la esposa del granjero.
La mujer armó tremendo alboroto; se oyeron alaridos porque vio al roedor pegado a una bolsa de harina de trigo.
El esposo y amo de la granja no pudo eliminar al ratón; tranquilizó a la señora con un anuncio: voy a poner una trampa para cazarlo.
El ratón asustado al escuchar la estrategia para matarlo; fue a buscar solidaridad en el cerdo.
– Hermano cerdo, van a instalar una trampa para capturarme.
“Y yo qué tengo que ver con eso; mírame bien que soy cerdo, no ratón”.
El ratoncito se puso triste y pasó a buscar a la gallina; pero con el mismo resultado: “yo soy gallina, el problema de la trampa, es tuyo”.
Fue donde el chivo, y nada; fue a buscar a la vaca, que tampoco le hizo caso.
En síntesis no lo acompañaron en el problema que se le presentaba.
A los tres días, siendo de noche; la señora del granjero escuchó un fuerte ruido. Ella supo que la trampa se había activado y creyó que el ratón había sido atrapado.
Pero no fue así, era una culebra que había quedado enredada entre el resorte y la tabla de la trampa. En la oscuridad, la mujer fue picada por la serpiente.
La dama enfermó y para alimentarla hubo que sacrificar la gallina para hacerle caldos.
No prosperaba su salud; los medicamentos eran muy costosos, y para comprarlos debieron vender la vaca; que terminó siendo sacrificada en el matadero.
La señora tuvo una leve mejoría; así el granjero feliz, brindó una cena a sus allegados; y para agasajarlos brindó cerdo asado.
La enferma, una semana después de esto, empeoró demasiado en su estado de salud y murió.
Vinieron pues personas de muchas partes para acompañar al granjero en su luto. Y para atenderlos, el chivo sirvió de comida.
Moraleja: A veces no le ponemos cuidado a las cosas que pasan en nuestro entorno; porque creemos que no nos van a afectar. Nos olvidamos que hacemos parte de un todo. Y todo tiene un comienzo que no nos toca; pero el final si nos perjudica.

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