La Monna Lisa o Madonna Elisa, es el cuadro de Leonardo Da Vinci que se ha asociado con ciertos misterios, porque se está riendo burlonamente o porque tiene una ‘risita’ hipócrita y además se le han atribuido códigos ocultos en su pintura.

Al parecer nada de eso es cierto. Son sencillamente meras especulaciones y sobre esta pintura se han tejido tremendos novelones.

La ciencia y el arte se juntaron para dar su veredicto. Todo el asunto de la pequeña sonrisa es un efecto de Ilusión óptica o mental, pero no encierra ningún misterio, es apenas un asunto de percepción. Es cierto que hay una expresión fisiológica en perspectiva que no va más allá de sonreír. Algunos pintores, entre ellos Escher y Salvador Dalí, aprovecharon las ilusiones ópticas, aplicando la perspectiva en sus obras.

A pesar de haberse explicado suficientemente todo este tema, se sigue diciendo que una de las grandes incógnitas en la historia del arte es saber todo lo que Leonardo da Vinci ocultó en ‘La Mona Lisa’, uno de sus cuadros más emblemáticos, siendo justamente esa sonrisa uno de los principales enigmas.

Lo relevante es que esta obra nunca ha sido tasada, es decir, nunca ha tenido un valor comercial como tal. Actualmente se exhibe en el Museo del Louvre en Francia, de donde fue robada el 21 de agosto de 1911 por Vicenzo Peruggia, quien al parecer, era un empleado en el mismo museo donde cometió el delito.

Este cuadro es una obra hecha sobre una delgada tabla de madera de Álamo de 77x53 cm, en el que se retrata a una mujer florentina llamada Monna Lisa di Antonio Maria, a la cual también se le llamaba la Gioconda, que nació el 15 de junio de 1479 en el barrio del Espíritu Santo en Florencia (Italia), y murió el 15 de julio de 1542 a los 63 años de edad en el Convento de Santa Úrsula de Florencia.

Se apodó como Gioconda, por haber contraído matrimonio con un comerciante llamado Francesco di Bartolommé di Zanobi, Márquez del Giocondo, a lo cual fue obligada cuando apenas tenía 15 años y el marido de ella quiso venderla sexualmente a dos caballeros de la familia de los Médici.

Dicen que Leonardo evitó pintar las cejas y las pestañas para dejar una expresión más ambigua, o porque tal vez nunca quiso terminar la obra, que fue hecha por encargo. Nada hay probado, sólo son meros comentarios especulativos.

 

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