Para el cristiano es muy importante tener el Poder que viene de Dios. Jesús dijo qué cosas más grandes que las que él hizo, podríamos hacer  en el ejercicio de la fe, como sanar enfermos, resucitar muertos y para que las oraciones que hagamos sean efectivas.

Una muestra de ese Poder se evidenció en Jesucristo y por ello leemos Lucas 8: 40-48, donde hay dos hechos que lo muestran:

"Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban. Entonces vino un varón llamado Jairo, que era principal de la sinagoga, y postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa; porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo.

Y mientras iba, la multitud le oprimía. Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre.

Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?

Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí. Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz".

La mujer que tenía el flujo de sangre fue sanada por el Poder que había en Jesús, pero sintió que algo había salido de Él, que es esa fuerza que sana.

¿Pero qué pasó con la niña? Pues también se sanó, pero el Señor  la resucitó porque había muerto. En ese acto de resucitarla, noten que se burlaron de Él porque no creían que tuviera semejante Poder.

Marcos 5: 35 al 42, lo dice: “Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente.

Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino que duerme. Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente”.

Pues bien, la pregunta que sigue es: ¿Dónde reside ese Poder? Está el Espíritu Santo de Dios. Por ello para recibir el Poder que viene de Dios, hay que tener o hacer cuatro cosas: Obediencia, Fe, Orar y Ayunar. Eso es igual a estar en santidad para que venga a nosotros y se quede a morar en nuestro cuerpo físico el Espíritu Santo, que es distinto a ser un santo de los que conocemos en estatuas labradas o hechas por mano de hombre.

Por dice la palabra que el cuerpo es el templo del Espíritu Santo, que no admite que alguien esté en pecado.

En Hechos 1:8, expresa que ese Poder lo podemos tener: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Miremos qué es lo que debemos cambiar en nuestras vidas para recibir al Espíritu Santo y de paso sus dones, entre los cuales está el de la sanidad.

Gracias a quienes hayan leído este mensaje de restauración espiritual de TUBARCO.

Les deseamos una semana llena de bendiciones.

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