Ese pan redondo abierto a la mitad, para meterle carne molida, queso, tocineta, salsas, tomate, cebolla, lechuga y ripio de papas, llamado hamburguesa, paradójicamente expresan lo expertos, no es de Hamburgo, Alemania, como pudiera deducirse que lo es. Aunque algunos naturales de esa ciudad se lo han atribuido con el ‘hamburguer steak’.

El origen de este sabroso plato, denominado como comida rápida, es incierto. Sobre ese particular hay varias teorías, dicen que pudo ser hecho por primera vez, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, pero no citan a los germanos. Y surgió por la necesidad de ahorrar tiempo, debido al ritmo acelerado de vida que asumió Estados Unidos donde más se desarrolló la industrialización y esa clase de bocado.

Se puede decir hoy en día, que la hamburguesa es una comida del mundo entero y ha entrado a numerosas culturas, entre ellas en la rigurosa ideología de izquierda y prueba de ello se notó con la puesta en marcha hace unos 40 años  en la antigua Rusia del glasnot y la perestroika de Mijail Gorbachov.

Cuando eso se produjo, entró Mac Donald a Moscú que llevaba la hamburguesa doble carne, con la negra espumosa Coca Cola. Largas colas se vieron para disfrutar de ese aire gastronómico que traía la libertad de las costumbres capitalistas.

Lo real es que en Cali, en un restaurante de cadena nacional, una hamburguesa tiene su costo anunciado en carteles de $19.000 o $22.000, el mismo valor de tres almuerzos de los llamados ‘corrientazos’; pero todo depende como se quiera el combo en el que viene, si es agrandado con papas a la francesa o sin agrandar.

También hay otras más baraticas en los puestos de esquina, que no ostentan las marcas y la gran publicidad; desde luego son más modestas en precio pero igual de ricas en sabor y van desde los $5.000 a los $8.000.

Lo único real es que la famosa hamburguesa nunca ha pasado de moda desde que se conoció y sigue presente en este mundo de estrés, aceleres, agites; y por su alto contenido calórico, los médicos dietistas nunca aconsejan su consumo.

¡Es rica pero peligrosa!

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