La ciencia humana no ha descubierto un medicamento más potente que la morfina para aliviar los dolores. Los calmantes alternativos tienen tal vez los mismos efectos, pero ninguno tan fuerte como la morfina. En los enfermos de cáncer se les administra dosis de esta droga para detener las terribles dolencias, pero es demasiado adictiva.

Es clasificada la morfina como una droga opiácea usada medicinalmente como analgésico y fue bautizada así por el farmacéutico alemán Friedrich Wilhelm Adam Sertürner en honor a Morfeo, el dios griego de los sueños.

Se trata de un alcaloide fenantreno del opio, siendo preparado el sulfato por neutralización con ácido sulfúrico. Es una sustancia controlada por las autoridades, del género opioide que consiste en un polvo blanco, cristalino, inodoro y soluble en agua.

Adquirió notoriedad e importancia gracias a la invención de la jeringa de Pravaz y por su utilización masiva por parte de los militares durante la guerra de 1907.

En la actualidad el analgésico más eficaz para aliviar toda clase de dolores agudos, pero su utilización va decreciendo a medida que aparecen nuevas drogas, las cuales se supone son menos adictivas y permiten que personas alérgicas que puedan aliviar igualmente sus dolores.

La morfina se obtiene de la planta del opio, conocida popularmente como adormidera, apareció a principios del siglo XIX. En esta época se recetaba opio (analgésico usado para aliviar dolores), pero habían dudas para saber la dosis que era conveniente administrar según la pureza de la receta.

Fue Friedrich Sertürner quien hiciera un estudio de calidad del opio y se le ocurrió disolver el opio en un ácido, después, lo redujo con amoníaco; y por último obtuvo unos cristales de color gris que utilizó para experimentar en gatos, manifestando así su poder de producir sueño. Aquejado de un fuerte dolor de muelas, Friedrich decidió probarlo en él mismo y tras tomarlo entró en un profundo sueño durante ocho horas. Cuando despertó se levantó sin dolor alguno en sus muelas.

0
0
0
s2sdefault