Cuando estamos con Dios, al cerrarse una puerta, verá que se abren tantas puertas, como oportunidades necesitemos.

“Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”, dice el libro de Apocalipsis 3:8.

A veces notamos que se acumulan problemas en la vida y siempre aparece la mano de ese ángel salvador.

El Todopoderoso dice en su palabra en Isaías 45-2: Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebraré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos...

Muchas veces ha sucedido que alguien pierde el empleo y empieza a examinar por qué le sucedió y además se lamenta.

Entonces dentro de esa reflexión humana se repite para sí: “Yo era buen o buena trabajadora y no había causal para despedirme”, y provoca una gran cantidad de pensamientos inexactos.

Pues resulta que Dios tiene la respuesta y a los pocos días encuentra un nuevo empleo con mejor salario y con mejores condiciones.

Lo que pasa es que Dios necesita quitarnos cargas de las manos para que las tengamos vacías y poder recibir sus bendiciones, para abrir esa puerta, tal vez no tanto por nuestros méritos sino porque a él le place ayudarnos.

Esas bendiciones no son explicables en lo natural y que por lo tanto no las entendemos. Lo que pasa es que debemos dejar esa piedra de obstáculo que nos impide creer que Dios obrará en nuestras vidas.

Deje que le digamos que Dios obra a diario cuando nos presta el espíritu para que vivamos, por eso cada día es un milagro.

¿Quiere ver un milagro?...pues abra su mano y mueva todos sus dedos. Ese es otro milagro que hace en nosotros por su gracia. Hay gente que no puede hacer eso y usted y yo lo podemos hacer.

Lo que pasa es que a veces nos acostumbramos tanto a que nuestro cuerpo tiene que funcionar, que no nos parece que eso sea algo extraordinario. Poder caminar, oír, respirar, hablar, todos son hechos notables.

Jesucristo mandó a quitar la piedra, a manera de puerta, que había en la sepultura de Lázaro para hacer uno de sus grandes milagros. Nada menos hizo abrir esa puerta para devolverlo a la vida.

Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. (Juan 11:39). Es decir que Lázaro estaba descompuesto, con su carne podrida y era imposible resucitarlo, tal como lo hizo.

Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro ven fuera! (Juan 11:43). Y ya saben que Lázaro resucitó.

La puerta es algo muy importante para nuestra relación con el Señor. Es decir que nunca se la debemos cerrar a él para que a su vez Dios nos pueda abrir otras puertas que se nos han cerrado.

La reflexión de esta semana es: ¿qué nos impide abrirle la puerta a Dios, para que a su vez él con su poder, pueda abrirnos las que nosotros no hemos podido?

Gracias a los lectores de TUBARCO por recibir este mensaje de restauración espiritual.

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