Mucho se ha hablado de la verdad. ¿Pero cuál es esa verdad? Bien, vamos a contarles, en Juan 8:32 dice: “y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres".
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Es decir que vivimos en un mundo de mentiras y lo más grave es que vamos atados a ellas. Cuando estamos alejados de Cristo, pareciera que estuviéramos pagando una condena en medio de una vida de aparente libertad.

Para recrear este texto recordamos una historia verídica, sucedida en Cali, de un hombre joven que era el novio de dos mujeres a la vez, sin que ninguna de las dos se diera cuenta de la existencia de la otra.

Un buen día, una de ellas le regaló un oso gigante de peluche para que la recordara constantemente y para ello le exigió que lo cargara sentado siempre en la parte trasera de su automóvil. Por extraña coincidencia la otra novia le regaló otro peluche más pequeño de una vaquita, con el mismo requerimiento de llevar el regalo consigo colgado en el espejo retrovisor.

Ya se imaginarán el infierno de aquel hombre, acordándose para dónde iba, a cuál de ellas llevaba a la casa de sus padres, escondiendo el oso grande en el portamaletas cuando iba a ver a la amada que le había dado la vaquita y al contrario. Es decir que tenía algo innecesario que le robaba la paz y lo asumía de tal manera, sin darse cuenta en el lío que estaba metido.

Hasta que un buen día se equivocó con las dos damas, una cada vez, se supo la mentira de su doble vida y ya supondrán lo que pasó por jugar con el corazón de ellas.
La verdad que trae Jesús y su palabra nos abre los ojos espirituales para saber qué estamos haciendo.

En Juan 14: 6-7, podemos leer esto acerca de la verdad: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”.

Ya vemos que el cordero de Dios, que es Jesús, nos trajo su compasión, verdad, y lo hizo para enseñarnos que podemos estar en dos situaciones opuestas: cerca o lejos de él. Pero hay una tercera: tenerlo dentro de nosotros y a nuestro favor.

Cristo Jesús, que partió en dos la historia de la humanidad, nos demostró que murió brutalmente flagelado antes que vernos seguir en la mentira que es la vida cuando tenemos reverencia y máxima atención para todas las cosas del mundo, menos para el verdadero rey de reyes.

Cuando hemos permitido que nuestras mentiras nos enreden, nos sentimos presos. A veces sabemos que una mentira nos hace esclavos, pero no salimos de ella. Tal vez puede ser una relación sentimental, una adicción o vicio, al dinero, a las drogas, al juego, al sexo, a una religión, una secta. Hay muchos aspectos en donde puede surgir esa falsedad.

Debemos examinar qué mentira hemos permitido en nuestras vidas y que vamos arrastrando como cadena de maldición porque una mentira nos lleva a otra, a otra y a muchas más que nos puede absorber como torbellino.

Por ello la verdad nos permite conocer que estamos atados. ¿Queremos ser libres? La respuesta es sencilla: dejemos la mentira. Primero hay que pedirle a Dios que cambie nuestra naturaleza mentirosa y luego disponernos a que obre en nosotros para hacer la persona que Él quiere que seamos.

Gracias por leer este mensaje de restauración espiritual de TUBARCO.

¡Feliz y bendecida semana para todos!

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