Hay cosas que no entendemos y son las pruebas de fe que Dios nos pone. A eso le llamamos desiertos a los cuales no quisiéramos estar enfrentados.

A veces pasan muchos días y seguimos sin que se resuelvan todas aquellas situaciones que nos roban la paz. Y oramos, pero no pasa nada distinto a seguir agobiados.

Sobre esto leemos la palabra en Santiago 1:12: “Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman.”

Eso significa que después del trajín y de una ardua batalla salimos victoriosos porque Dios lo ha prometido y así lo cumple, pero el requisito es creer que el Todopoderoso nos sacará de esta crisis.

Es prácticamente una prueba de amor. Resulta extraño todo esto, pero así es. Se trata de mostrar qué tanto estamos amando a Dios, a pesar de que permita que cosas malas nos sucedan para formarnos y volvernos más fuertes, como fue el caso de Job.

Entendamos que alguna vez no hemos enamorado de alguien o de algo en esta vida. Pues bien, lo que debemos aprender es a enamorarnos de Dios.

A Tomás le han cuestionado siempre y lo regañaron por tener que ver para poder creer. Nosotros también por nuestra condición humana somos iguales, tenemos que ver algo para llegar a creer, pero resulta que la fe no funciona así.

Esto que se llama fe, es una fuerza invisible. Pero miremos que dice la biblia, respecto a este tema, y por ello vamos a repasar lo que dice en Hebreos 11:1-7: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.

Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe”.
Ya sabemos que es difícil tener fe, frente a las angustias que traen los problemas, pero de eso se trata.

Dios quiere que confiemos en Él y que lo dejemos ser Dios en nuestras vidas, porque si por nuestra propia mano podemos resolver todas las dificultades, es inútil clamarle porque es el hacedor de imposibles para que le glorifiquemos y sepamos que es aquel quien tiene el poder.

Es por ello que para que podamos tener su gran ayuda, hay que entregarle el corazón a su hijo Jesucristo. Aquí no se trata de religiosidad, sino de obtener ayuda divina.

Hay dos caminos por los cuales hemos llegado a los pies del Señor: por amor o por dolor. Casi siempre llegamos por la segunda causa y Él amorosamente nos abre los brazos para ayudarnos.

Lo que hay que hacer es pedirle que entre en nuestra vida y esa prueba molesta ya se irá para que llegue ese premio que estamos anhelando que es como la corona que nos recompensa al pasar por tales inconvenientes.

No sabemos qué pruebas hoy están pasando aquellos lectores de TUBARCO que buscan este mensaje. Lo único que les decimos es que frente a esos problemas busca a Dios para que nos ayude; y si por el contrario estamos bien, de la misma manera oremos a diario dándole gracias por nuestra salud, finanzas, familia, padres y por el empleo. Todo para que nos saque del día malo.

Gracias a todos por su atención. Feliz y bendecida semana.

 

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