Una pareja conversaba, bueno la que más hablaba era ella, que le decía a su esposo: ¿Qué harías si me muero?
Pues, lógico te guardaría luto. La mujer volvió al ataque: ¿Durante mucho tiempo?

Él mirándola tiernamente le contestó: Será por muchísimo tiempo. Ella vuelve a preguntar: ¿Por qué?

Él muy serio ante semejante tema tan trascendental, le responde: Porque te quiero y tu pérdida sería dolorosa para mí. La dama sonríe y atina a decir: Qué bonito. ¿Volverías a casarte con otra? El hombre expresa un no rotundo.

Ya el diálogo está sumergido en un tono fuerte y ella con expresión de dolor, le contra-pregunta: ¿Y por qué no? ¿No te gusta estar casado?

Mujer, sí que me gusta. Ah, entonces ¿sí que te volverías a casar?

El marido en tono circunspecto le da su opinión: “Creo que después de haberte guardado luto durante suficiente tiempo y mi vida volviera a tener sentido, pues sí”.
¿También dormirías con ella en nuestra cama? El está muy acorralado y entre dientes, balbucea: Es de suponer, ¿no?

Vuelve a insistir: ¿Reemplazarías mi foto por la de ella en la mesita de noche?

Bueno, yo pondría las dos fotos, porque tendría que contarle la historia y tú fuiste primero. Ella sigue: ¿También tendrías sexo con ella en nuestra cama? El señor, bebiendo un largo y amargo sorbo de café, va a la guerra como quien va desarmado: Seguramente llegaríamos a eso. Supongo...

Ah…y ¿jugarías también al beisbol con ella?
Sí, lo haría.

¿Le darías mi guante de béisbol?
No, ella es zurda.

¿Cómoooo?

Él se da cuenta muy tarde que cayó como ‘Caperucita’ en las garras del lobo.

Moraleja: El hombre no debe someterse al interrogatorio de la mujer, porque no hay quien aguante semejante prueba. ¡Es mejor estarse callado!

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