Una mujer murió en España y fue enterrada en un ataúd. Hasta ahí no hay nada novedoso. Pero lo curioso es que la gallega María Josefa Rego Ares, vecina de Guitiriz, en Lugo, España, falleció dejando todo resuelto sobre su despedida.

Sus restos mortales descansarán en paz y para siempre, tal como ella lo planeó hace 20 años. La señora Josefa fue en 1997 a comprar su propio féretro, días después de que su marido falleciera, y ese ataúd adquirido, que decidió sería para ella y escogió al gusto, lo guardó en su casa hasta el día en que tuviera que ocuparlo.

Una vez tuvo consigo el ataúd, la conocida como ‘Fina de Rivera’ por sus vecinos, se aseguró al contratar a un fotógrafo para que le hiciera unas instantáneas dentro de la caja, y poder ver cómo quedaría presentada en su entierro.

El dueño de la funeraria, José María Teixido, recordó que en un primer momento se negaron a vender el féretro, y que ella finalmente "consiguió que se lo vendiéramos al convencer a un carpintero local y también nosotros, a través de una de las empresas que nos suministra los féretros".

Pero el asunto no se quedó ahí. Según el empresario, también quiso redactar "hace unos 15 años" su esquela, con indicaciones sobre su propio funeral y el traslado de los vecinos hasta la iglesia en buses. Teixido ha señalado que "era una mujer muy divertida, muy peculiar, al mismo tiempo extraña, con la que teníamos mucha confianza".

Teixido confirmó que cuando fueron a recoger al apartamento en el que estuvo el ataúd, encima encontraron unas llaves con una nota manuscrita, en las que indicaba que eran las del nicho en el que tenía que recibir sepultura, en el cementerio de Guitiriz. ¡Todo lo dejó listo la señora ‘Fina de Rivera’!

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