Comúnmente el hecho de abrir una puerta es para atender, recibir algo o dar la bienvenida a alguien. En este caso, abrir el corazón y abrir la puerta a Dios y a su hijo Jesucristo, es recibir y dar también la bienvenida al Espíritu Santo.

Abrir esa puerta es fuente de bendiciones porque de esa misma manera Dios abre los portones del cielo para derramar su potencia bendita sobre nosotros.

Apocalipsis 3:20 dice con claridad: “¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos”.

La palabra se refiere a una intimidad con el Señor Todopoderoso, para hablar con él desde el fondo del corazón porque muchas veces la gente confunde el orar con rezar y no es lo mismo.

Orar es hablar con él, es decirle qué nos pasa, qué necesidad tenemos para que nos ayude con esa petición. Rezar es repetir frases previamente hechas por otros, que por hilvanadas que sean no tendrán el mismo efecto que aquellas que salen directo de nuestro corazón y pensamiento.

Es por eso que hoy decimos que hay un amigo afuera esperando en la puerta a que le abramos, está tocando a la puerta, nos llama a cada uno por nuestro nombre y pide que le dejemos entrar. Él dice “ábreme”, esperando que al fin lo hagamos. Ese que toca es Jesucristo porque sabe que lo necesitamos.

Dios y Jesús nos piden que los dejemos entrar a nuestros asuntos, ya que quiere darnos una mano al saber que estamos caminando por la ruta equivocada.

La decisión adecuada es dejarlo entrar al decir algo similar a esta oración: "Señor Jesús, perdóname por dejarte fuera de mí, hoy te pido por favor que entres a mi corazón y toma el control de mi vida, perdona mis pecados y te acepto como mi Señor y Salvador personal para que hagas de mí la persona que tú quieres que yo sea. Toma todo lo que soy, lo que quiero, establece tu gobierno en mí, cenemos juntos, para que desde hoy cambie todo para siempre. Amén”.

Es real que hay mucha gente que no quiere que Dios la gobierne sino el mundo, con sus licores, vicios, delitos, fornicaciones, adulterios, robos, lascivias, iras, contiendas y demás pecados. Hay que decir que esas personas ya están muertas en su espíritu porque están en una situación de penosa esclavitud.

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