Hay una razón sencilla por la cual Dios nos pide que no juzguemos a los demás.

Juzgar es emitir juicios acerca de otros, de ellos como persona o por sus actitudes, pensamientos o comportamientos. En ese momento nos comportamos como jueces sin tener autoridad para hacerlo.

La causa fundamental por la cual no debemos o no estamos calificados para juzgar, es que no sabemos toda la verdad frente al caso que nos atrevemos a opinar o sentenciar, en cambio el Todopoderoso sí conoce todo la verdad o el expediente completo porque es un ser omnisciente, es decir que lo sabe todo.

Por ello el juzgamiento espiritual o humano es potestad de Dios, a los jueces terrenales les es dada esa licencia o autoridad, como a los notarios en los casos judiciales y civiles, porque toda autoridad viene dada del Señor.

Sencillamente cuando juzgamos a alguien, con parte de la verdad, estamos cometiendo tremenda injusticia.

En Lucas 6:37, encontramos claramente mandatos con promesas:
“No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados”.

Hemos escuchado muchas veces la expresión: “juzgar a priori”, que quiere decir que se ha decidido apenas por la primera impresión, lo cual indica que hemos tomado una parte de la verdad como si fuera toda la verdad y de esta manera muchas veces emitimos juicio, también comentarios descalificadores, haciéndonos ideas erróneas de algo o de alguien.

Solamente el espíritu del Señor es el que entrega la sabiduría como aquella que pidió el rey Salomón para poder gobernar al pueblo de Israel. Es célebre la sabiduría de aquel gobernante, en el pasaje que relata la llegada de dos mujeres a su presencia a plantearle una situación que él debía definir.

Lo leemos en el libro 1 Reyes 3:16-28: “En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él.  Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa.

Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa. Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre con él.  Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto.

Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz. Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey Salomón.

El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.  Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada.

En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo.

Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su verdadera madre.  Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar”.

Salomón le había pedido a Jehová Sabiduría, se la dio y además lo volvió rico porque halló gracia en él por eso estaba en facultad para emitir juicios.

La enseñanza práctica de hoy es que cuando vayamos a decir algo de otro deberemos ser moderados, más aún si no está presente.

Lo bueno es ser parcos en la crítica y amplios en el elogio respetuoso, no sea que por desbaratar a alguien con la lengua algún día nos tengamos que tragar las palabras.

Gracias a todos los lectores de TUBARCO por atender este mensaje de restauración espiritual.

¡Feliz y bendecida semana para todos!

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