Hay algo en sub-consiente que nos habla en el oído y dice que las que cosas que cuestan más, necesariamente son las mejores, y eso no resulta tan cierto.

Eso tiene que ver con el efecto placebo, que nos hace sentir tranquilos o plácidos cuando comparamos precios y calidad.

Esto es engañoso, como cuando nos presentan un artículo rebajado con un precio menor y uno mayor tachado; o lo anuncian al borde de la unidad monetaria, como por ejemplo $49.99.

O en la misma gasolina, tal vez el precio más barato anunciado en las estaciones de servicio, puede ser una medida inferior al galón.

En fin, en la Universidad de Bonn, Alemania, hicieron una prueba con vinos y le pusieron los costos más altos a vinos de mediana o baja calidad, mientras a los mejores los etiquetaron con un precio menor.

Según el experimento, si la botella cuesta más, los usuarios lo califican mejor... aunque en verdad estén consumiendo uno más barato.

Dicen los expertos en neurociencia que no es un capricho del consumidor o para mostrar categoría. Es un paradigma que hay en el cerebro.

Un trabajo preliminar del profesor de Mercadeo Hilke Plassmann enseñó que un precio más alto en chocolates o vino aumentaba la expectativa de que enontrarían mejor el producto, activando las regiones en el cerebro que dicen que a mayor precio, mejor calidad porque “la bueno, cuesta”.

Al igual que se puede pensar con unas camisas, comparadas una de $200.000 con otra de $20.000, es probable que la gente escoja la de mayor precio.

En el estudio se evaluó cómo los precios distintos se traducen en experiencias de gusto en el cerebro. Se trabajó con 30 personas, mitad mujeres, con unos 30 años de edad en promedio. El resultado es que escogieron los objetos más costosos, por supuestamente ser de mejor calidad.

En esto, el cerebro hace sus trucos y nos puede hacer equivocar.

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