El Señor sana y dice en las escrituras que es el sanador, mi sanador, tu sanador, nuestro sanador. Uno de los nombres de Jehová Dios, es Rapha, que es aquel que sana.

Es necesario destacar que la palabra Sanador, viene del hebreo: rapha, que significa curar, reparar, enmendar, restaurar la salud. El Señor recuerda a lo largo de la biblia, especialmente en el Antiguo Testamento y luego en el Nuevo, con Jesucristo, que Él es nuestra sanidad, el médico restaurador de la salud física, emocional y espiritual.

Está escrito en Éxodo 15:26, “y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador”.

Es muy claro que hay un mandato implícito en esa palabra “si hicieres lo recto delante de sus ojos”, que es necesario cumplir para recibir la promesa: “ninguna enfermedad… te enviaré a ti”.

Es decir que sin cumplir lo primero, no se verá lo segundo. También en Salmos 103:3 está escrito: “Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias”.

Dios recalca que haciendo lo agradable a Él recibiremos salud que es un bien preciado, porque sin sanidad se acorta la vida y hay aflicción con esa tormenta que puede abarcar a toda la familia, por ello es el mejor médico que podamos tener, el sanador, curador y hacedor de milagros.

Muchos de los que están leyendo este texto pueden tener testimonios propios o ajenos de que Dios los ha sanado de alguna enfermedad en la familia.

Nos vamos a referir a un caso especial que conocimos de una mujer que se desempeña como secretaria en Cali, que fue a los pies del Señor en busca de sanarse.

Ella decidió aferrarse a la fe e igual empezó el tratamiento médico contra un cáncer en un hueso de la cadera. Después de un largo tratamiento de dos años, la enfermedad seguía presente en los diagnósticos, pero un buen día, vino el milagro.

La dama fue a sacarse un examen radiológico y le presentó el resultado favorable a la doctora tratante quien le dijo textualmente: “esto no puede ser, usted tiene que estar enferma, es imposible que el cáncer se haya ido”.

La profesional de la medicina, no entendía que Dios cura, mientras que la paciente sí sabía la obra hecha por el Señor, porque sencillamente Él hace cosas que no son posibles para la ciencia, ni para el ser humano, en este caso para los médicos.

Es un testimonio latente de que el poder de Dios es real para curar y sanar porque es el dador de vida y es el que todo lo puede por eso lo llamamos Todopoderoso.
La promesa que Dios le entregó al pueblo de Israel y a nosotros, fue que Él sería su Señor y Sanador.

Dios desea que todos tengamos una sanidad total y completa, pero necesita que vivamos en obediencia, para poder obrar en nuestras vidas.

En el Salmo 147:3, dice que: “Él sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas”.

Si usted quiere que Dios lo sane o sane a alguien importante en su vida, solamente necesita caminar en obediencia y confianza en que Él hará lo que nadie más puede hacer.

Finalmente para reafirmar tan notable promesa en Éxodo 23:25, dice: “Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti”.

Dios no falla, ni miente, de modo que creamos en su promesa, pero también sometámonos a los mandatos que dio para recibir su bendición.

Gracias a todos lo que han leído este mensaje de restauración espiritual.

¡Que tengan una semana plena de bendiciones!

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