Curtida en el peligro al salvarse de tres intentos de asesinato, luego fue desplazada por la violencia y ahora es alcaldesa. Así es el rápido resumen de una heroína llamada Claudia Cabrera que está intentando salvar del olvido estatal a 18.000 habitantes de Policarpa un pueblo escondido al nor-oeste de Nariño a cuatro horas de Pasto.

Los censos sólo revelan que hay 16.800 habitantes en ese territorio. Es decir que a los demás policarpenses no les ha llegado la institucionalidad y no pueden ser contados como ciudadanos colombianos porque ni siquiera han sido registrados y mucho menos podrían tener cédula.

La población que hoy gobierna, tiene el mismo nombre de la rebelde Policarpa Salavarrieta, ‘La Pola’. Policarpa, así llama el municipio que trata de salir adelante de la mano de Claudia, una estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad San Buenaventura de Cali, que se metió a la titánica tarea de darles una mejor calidad de vida empezando por la conectividad y la identidad. La política la sacó de las aulas de clase y cambio los códigos por el ejercicio del poder.

La economía de esa localidad es de cultivos ilícitos en más de un 60% con unas 500 mil hectáreas, lo demás se suma a la escasa vocación agrícola que es de supervivencia. La alcaldesa comenta que el Municipio no cuenta con vehículos propios, ni siquiera la motocicleta en la cual hace una inspección y auditoría de varias obras civiles en la zona rural.

La valerosa alcaldesa sale cada ocho días a ver cómo marchan los trabajos de esas consideradas ‘megaobras’ que van a impulsar el progreso y para ello va a pie, caminando hasta cinco horas. Cuando mejor le va, se desplaza en una moto que consigue prestada, a lomo de mula o de caballo porque el presupuesto de inversión libre, de apenas $1.200 millones, no alcanza para darse esos ‘lujos’ para el transporte de la mandataria.

En el vídeo se nota que atraviesa motorizada en dos ruedas, un inestable puente artesanal sobre el Río San Roque. Justamente su Administración, para evitar eso, pretende construir cinco puentes para interconectar la zona rural con vías rudimentarias hechas a golpe de herradura y cuyas obras de infraestructura cuestan en total $1.850 millones que beneficiarían a los habitantes de más de 30 veredas de la jurisdicción de la abandonada Policarpa que ahora está convertida en una zona veredal, que antes fue dominada por las Farc y por grupos al margen de la ley.

Claudia Cabrera como alcaldesa trata de que todo sea mejor para el Municipio que con cerca de 3.500 votos la eligió para rigiera sus destinos e hiciera rendir el escaso presupuesto.

La cifra general de rentas y gastos de Policarpa es de $13.500 millones que parece muy grande, dice ella misma “pero apenas podemos ver pasar ese dinero en la pantalla de un computador porque $9.000 millones se van en gastos de Educación y Salud pero que el gobierno local no maneja esos abultados recursos sino otras autoridades.

Esta alcaldesa dejó atrás el miedo y se ha atrevido a gobernar desde el propio territorio de Policarpa porque sus antecesores lo hacían desde Pasto o desde otras ciudades cercanas por la inseguridad reinante. 


Con los escasos dineros, Claudia Cabrera quiere que todo cambie, empezando por hacer que gran parte de sus gobernados disfruten de las obras que está liderando, que además sean reconocidos en su identidad por el Estado para darles un impulso distinto al dolor y a las heridas, que como a ella misma, les han dejado el conflicto interno.

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