En cercanías al río Guiza, área rural del municipio de Tumaco en Nariño, fueron ubicadas varias construcciones artesanales que estaban siendo utilizadas para refinar petróleo que desconocidos robaban diariamente al Oleoducto Transandino a través de válvulas ilegales.

Las operaciones fueron adelantadas por el Ejército Nacional, la Armada, la Fuerza Aérea Colombiana, la Policía Nacional y la Fiscalía General de la Nación en el pacífico sur colombiano.

Con este duro golpe a las organizaciones ilegales se evitó que a Ecopetrol le hurtaran 420 barriles diarios de petróleo, además de prevenir daños ambientales irreparables a los ecosistemas en esta zona del país.

Las dos refinerías ilegales eran utilizadas para transformar en combustible el petróleo robado a Ecopetrol, posteriormente era usado en actividades asociadas al narcotráfico. Se estima que las pérdidas económicas que se ocasionaban a esta empresa por parte de las organizaciones ilegales a través de la modalidad de hurto al Oleoducto Trasandino, superarían los 66 millones de pesos diarios.

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