Por estos próximos días cuando se incrementan en Cali las reuniones, despedidas de fin de año en las empresas, almuerzos, cenas, fiestas de integración, familiar y de amigos, el uso del celular está impidiendo que la gente comparta o socialice.

La mayoría de las personas que tienen la vista clavada en su móvil respondiendo mensajes o enviando otros, pierden completamente la noción de lo que pasa en la celebración porque están de cuerpo presentes, pero de mente ausentes.
En otros casos, se dedican a tomar fotos a la comida, al sitio, se hacen las llamadas ‘selfies’ y están más atentos al aparato telefónico que a otra cosa.

Esos son los que ahora llaman ‘zombies’ sociales al estar pegados de esta ‘cajita’ que es este móvil y en muchas ocasiones para poder hablar al responder una llamada, se salen del recinto, se van para un rincón, al jardín, al patio o para otro lugar. Es decir que literalmente están ahí pero es como si no hubieran asistido.

Todo esto colma la paciencia, del organizador, anfitrión, que ve una gran cantidad de gente esclavizada con su celular. Es por ello que en algunas oportunidades se han visto a personas con cierta autoridad sobre los invitados, por ejemplo los jefes, que se los hacen apagar, ponerlos en una canasta para devolvérselos al final, porque se requiere de atención y para esos casos el teléfono móvil resulta bastante molesto.

Los que lo usan, cuando tienen a alguien que les está hablando de frente, no se dan cuenta que tal comportamiento resulta irrespetuoso no prestarle la debida atención a su interlocutor. Es que cuando se hizo el famoso texto de la Urbanidad de Carreño, no existían los celulares y por eso no quedaron incluidos en las normas que debemos preservar para el trato entre humanos.

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