Hay muchas versiones sobre los tatuajes por lo buenos o malos que sean, que aunque están muy de moda, no son bien vistos por la sociedad en general. No obstante, especialmente a los jóvenes, les gusta tener su cuerpo marcado con letras, dibujos, letras chinas o imágenes, con los cuales se sienten bien.

Los vemos en futbolistas famosos como el propio James Rodríguez,  el chileno Arturo Vidal y muchos otros famosos que le pegan la pelota, que visiblemente tienen un solo brazo lleno de dibujos como si fueran un tapete persa.

Hay un dicho que reza: “más arrepentido que un tatuado”, y es cierto, que hay personas que después de tener marcada la piel, piensan que no han debido hacerlo porque borrar lo pintado es bastante difícil.

Alguna vez un hombre enamorado de una tal Gloria, se hizo poner el nombre de ella en el pecho. Luego de cierto tiempo, la mujer se fue al lado de otro y el ‘pintado’ no sabía qué hacer con semejante letrero inútil. Entonces se le ocurrió un recurso gracioso para completar la frase, la cual quedó así: “Gloria a Dios en las alturas”.

También se sabe que los encargados de selección de personal en las empresas, aunque no lo digan, porque resultaría discriminatorio, prefieren no contratar a personal tatuado, menos si deben escoger representantes del nivel directivo  o ejecutivo.

Para empezar los tatuados no pueden donar sangre y los que se arrepienten de tenerlos, viven un calvario para quitárselos.

Pero que dice la biblia al respecto: Levítico 19:28: “Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová”.

Bueno, ya saben que el Todopoderoso no quiere esas señales en ninguna parte de la piel, ni pequeños, ni grandes; ni por el papá, la mamá, ni por un hijo o un amor, ni por nadie, tampoco por el propio Jesucristo, ni siquiera por el mismo Dios.

Los muchachos y muchachas que se hacen los ‘tatoo’, corazoncitos, flechitas, nombres, sin saber el mandato divino; dicen que se sienten plenos con sus marcaciones por ser un grito de libertad y rebeldía, pero cada quien es responsable de sus propias decisiones y  carga con las consecuencias de esas elecciones.

Por eso es que dicen popularmente que: “quien quiere marrones aguanta tirones”.

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